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Estado de Derecho

Invisible

Fabián Pulido

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La pregunta que hoy se escucha en México es: ¿quién está gobernando?

Es tal la expectativa que genera el triunfo de López Obrador, que hasta reclamos hay en las redes y en algunos comunicadores sobre lo que debe ser el nuevo gobierno, ése que aún no toma posesión.

El fenómeno se da (eso veo) primero por el arrollador triunfo de Morena que ha dejado al país (y a los extranjeros) impactado. Gobernadores, alcaldes, legisladores federales y locales y la Presidencia de la República son, a través de las urnas, en su mayoría de López Obrador, quien tendrá el poder para poner en marcha todo lo que prometió y que pone ansiosos a detractores, seguidores y al mexicano sin partido.

La pronta respuesta del actual gobierno federal de recibir a Andrés Manuel en Palacio Nacional lanza un mensaje sobre la disposición (se entiende institucional) de iniciar de manera no oficial las pláticas de transición que, sumada a las apariciones de los próximos secretarios de Estado en medios nacionales y al manejo mediático de ciertas iniciativas y reformas que habrán de plantearse apenas tomen control del gobierno, provoca esta sensación de haber iniciado ya López Obrador sus funciones como presidente. El fenómeno “peje” está en todas las mesas de análisis y discusión, ¿y Peña?

La sensación, en lo general, es que el gobierno electo de López Obrador ya está trabajando.

De las 12 posibles reformas que ya se discuten, tres llaman la atención. La primera, relacionada con la austeridad, propone modificar la ley reglamentaria del 27 constitucional para que ningún servidor público gane más que el presidente. La reforma para considerar delitos graves (sin pago de fianza) los relacionados con la corrupción, el robo de combustible y el fraude electoral (que hasta parece, por el orden, estar diseñada para Puebla). Y la tercera, revertir el decreto (recién o al que yo llamo “decreto mundialista”) sobre la “privatización” del agua que pone (para concesión) en manos de la iniciativa privada, más del 50 por ciento de las cuencas nacionales.

Nunca antes se había experimentado esta sensación de “muere el rey, viva el rey” como hasta ahora. Había un manejo distinto de la información, sí, donde el presidente en turno empezaba a compartir el escenario (protagonismo) con el electo, pero jamás con esta intensidad en donde el actual mandatario prácticamente ha quedado relegado, disminuido, invisible.

Twitter: @FApulido

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