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Martes , 11.12.2018 / 19:17 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Treinta millones de resilientes

Esteban Garaiz

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Adiós fraterno a Jaime Avilés

Si alguien en esta llamada República (donde nadie sabe dónde han quedado la libertad y la igualdad, mucho menos la fraternidad) si alguien ha demostrado por siglos su capacidad de ser resiliente, serán precisamente los pueblos originarios: los dueños originales de las tierras que habitamos; y que hoy sobreviven y resisten en los rincones más apartados de la Patria.

Perdieron sus tierras fértiles, pero preservaron orillados su identidad comunal. Algunos perdieron hasta la lengua propia: parte del despojo colonial. Marginación geográfica, origen de toda marginación. Hasta allá los persigue la voracidad global: minerales, agua, bosques, pastos, diversidad.

Hasta ahí ha llegado la brutalidad de Aurelio Nuño, y de su jefe el titular único del Poder Ejecutivo Federal. Ya anunciaron a los cuatro vientos que, como no les alcanza el dinero, porque no saben recaudar a los que acumulan, y como su despilfarro del patrimonio energético de todos ya no funciona porque se hundieron los precios internacionales del crudo, y se les hizo un boquete presupuestal incontrolable, entonces están cerrando 55 mil escuelitas en las comunidades apartadas y dejando a más de un millón de niños y niñas sin escuelas.

También han decidido, y hecho público, que recortarán en salud (no en sueldos de ministros y expresidentes). Así que seguirán en México muriendo los niños recién nacidos vivos en una proporción bochornosa en el cuadro comparativo de la Organización Mundial de la Salud.

Naturalmente, la mortalidad infantil se mantendrá alta en el promedio nacional porque será criminalmente alta en esas comunidades apartadas o aun en las periferias suburbanas. Pero algunos sobrevivirán: resiliencia.

No tendrán atención médica, porque el Estado con su recaudación del 13 por ciento sobre PIB y sus exoneraciones fiscales a los poderosos, no tendrá dinero para cumplir con sus obligaciones. Tampoco tendrán escuela, por las mismas razones. No faltan médicos ni maestros; faltan plazas.

Muchos, los más audaces, pondrán al azar su resiliencia y se aventurarán a llegar al país paladín de los derechos humanos, donde su trabajo honrado será legalmente ilegal; y deberán sobrevivir escondidos. Resiliencia.

Así contribuirán a la resiliencia de sus familias. De paso salvarán las cuentas nacionales con sus remesas.

Han aguantado y seguirán aguantando. Aunque ya hay indicios importantes de que la paciencia de los resilientes está llegando a su fin. Una vez más, como en 1810 y 1913. Pero ahora puede alcanzar proporciones no controlables. Precisamente a menos de un año de la elección federal.

Hay relámpagos y truenos en el horizonte. El año pasado Chiapas entero se paralizó y el gobernadorcito guapo (verde por inmaduro) se tambaleó. La intervención federal también en la Tierra Caliente michoacana la ha dejado más caliente. Guerrero sigue en estado de sitio. El repudio a los agravios federales es abrumador en el campo y en las ciudades.

La manera torpe de proceder del gobierno en los aeropuertos solivianta a los campesinos dueños originarios. Ya no digamos la onda bárbara del extractivismo minero de envergadura global, destructor de los ámbitos rurales y de los sistemas naturales. La resiliencia ahora hostigada en sus últimos espacios de arrinconamiento.

Ahora, frente a un Estado incompetente, que no recauda, no protege, no asegura, no gobierna, no sabe mandar ni cumplir su mandato, aparece una dirigencia corporativa a decir cómo, a dar lecciones de buen gobierno; y lo que propone es lo mismo de 35 años, pero exacerbado.

No han entendido que el bloqueo real al desarrollo nacional, y aun a sus finanzas, no está en la base gravable, sino en la cúspide elusiva cómplice.

El propio Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP, califica de “irresponsable” la propuesta fiscal presentada hace días por Gustavo de Hoyos Walther, Presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, COPARMEX.

Como si no hubieran entendido dónde está la causa central de la obstrucción al desarrollo nacional que venimos sufriendo desde hace decenios, dijo: “La propuesta fiscal de la COPARMEX no pretende en forma alguna quitar recursos al gobierno federal, sino, por el contrario, busca mecanismos para ampliar la base gravable para que más personas contribuyan y paguen impuestos, y de esa manera se incrementen los ingresos tributarios”.

Siguen hablando de reducir el empleo informal al ampliar la base de contribuyentes; y son los que instigaron la tercerización, o sea la informalidad de los empleos, rompiendo el marco constitucional establecido en el artículo 123: uno de los grandes avances de hace 100 años.

Reducen y, oprimen a la clase media mexicana, que está probando su resiliencia. Hasta que se harte. Todo indica que falta poco.

P.D. El 60 por ciento de los jóvenes en el sector informal, según el Inegi.

www.estebangaraiz.org

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