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Viernes , 19.10.2018 / 11:28 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Todos con México

Esteban Garaiz

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Todo cabe en un jarrito, sabiéndolo acomodar. ¡Quién habría de decir! Doña Margarita Zavala, la hermana de Hildebrando, en pleno bonapartismo. Tiburones y sardinas en la misma alberca: Todos con México. Faltaba más. El PRIAN recién pintado. La Independencia Trigarante revivida. Las mujeres al poder. Titiriteros en acción.

Claro que todos estamos con México. No hablamos aquí de los que acumulan capitales con el esfuerzo de todos y se los llevan a paraísos fiscales, legalmente, hasta que se les pierda el rastro; y queden, legalmente, rechinando de limpios.

Hablamos del 99 por ciento que trabajamos, incluidos los que organizan el trabajo. Porque toda riqueza, toda, es producto del trabajo humano. Porque Dios manda el agua, pero no la entuba. Porque la Madre Tierra produce naranjas, pero no las pone en tu mesa.

Todos los que trabajamos estamos con México. No los que se llevan lo acumulado. Por eso, lanzar campañas vacuas, genéricas, descafeinadas, sin compromiso político ni ideología que oriente a los soberanos sobre lo que queremos hacer con su adhesión ciudadana, no pasa de ser demagogia, hipocresía y engaño: auténtico fraude electoral.

Un candidato, o candidata, a cualquier puesto público, que quiera lograr el respaldo ciudadano sin un programa político claro y expreso, es un fraude. Si tiene un programa político claro que proponer, entonces es un partido político: una parte política, con o sin registro como tal.

Todo en la vida tiene un pasado. Los recién nacidos no son candidatos. Ni los candidatos son recién nacidos. Todos los candidatos, y todas las candidatas, tienen una trayectoria. “Vos también tenés tu historia”.

Ahí está la clave de una decisión ciudadana, soberana, que resulte razonable, ponderada, patriótica a la hora de emitir el voto: conocer esa trayectoria.

También los partidos políticos con registro legal tienen su historia. Historia de cumplimiento, o no, de sus propios documentos básicos. Que son sus compromisos obligatorios ante los ciudadanos electores. Por ejemplo, pregúntense los lectores electores qué queda de la erre del PRI.

Doce años estuvo el PAN al frente del Poder Ejecutivo Federal. La pregunta inevitable es qué resultado tuvo su acción nacional. Podemos preguntarnos también qué opinan los verdes internacionales de las acciones del Partido Verde de aquí. Y podemos seguir cuestionando.

En la campaña electoral que delincuencialmente (e impunemente) emprendió en 2006 un organismo empresarial, el tema central fue que uno de los candidatos era “un peligro para México”, porque de llegar, en lo futuro a la Presidencia, endeudaría al país y lo llevaría a la bancarrota y al desgobierno. Justo lo que ocurrió con el otro.

No se preguntaron los dirigentes empresariales metidos a activistas políticos (que resultaron generosamente recompensados) cómo había gobernado en su anterior encomienda el candidato impugnado. Ni se dignaron preguntar a los gobernados por él.

Candidatos de partido, o independientes de ellos, o de posibles coaliciones de unidad nacional, o de cualquier modalidad que logren inventar los que titiritean: todos tienen una trayectoria y están obligados a decirnos cómo van a lograr, y por qué camino, el bien de todos.

Nadie se va a tragar consignas huecas. Todos estamos con México y somos mexicanos primero. Sí. Pero queremos saber el camino. Qué haremos para incluir a todos.

Queremos saber cómo la mitad de los mexicanos conformes (o resignados) con lo que tienen, pueden vivir sin temor a la otra mitad de los que carecen de lo más indispensable. Porque la inseguridad sólo crece en la miseria y en la exclusión.

La gran oligarquía tiembla ante el2018. Sabe que ya la gente ha perdido la confianza en los partidos políticos que han estado al frente del gobierno. Por ejemplo, los chiapanecos ya saben qué pueden esperar del PRI, del PAN, del PRD y del Verde. Los jaliscienses también tienen clara la película.

Ahora viene la moda de los independientes, los que no tienen ideología, o sea: ningún compromiso. Los que contarán, según propuesta de Castañeda Gutman, con un 90 por ciento de fondos de campaña privados. O sea: aportados por empresarios privados, los que invierten para obtener utilidades, que es, por definición, la esencia de la empresa privada.

Si la mayoría ciudadana desconfía y repudia de los partidos políticos que ya han estado al frente de gobiernos federales o estatales, no parece lógico suponer que vaya a sentir especial inclinación por una candidatura de “unidad nacional” de los mismos conocidos.

Cada día queda más claro que no hay más que dos proyectos nacionales en la realidad política: o continuar con el neoporfirismo que nos ahoga desde 1982; o rescatar los valores nacionales que, como quiera, sobreviven en el texto del Gran Acuerdo Nacional de 1917.

www.estebangaraiz.org

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