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Columna de Esteban Garaiz

Standard et Poor´s y los apuros del México soberano

Esteban Garaiz

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Standard et Poor´s es una empresa privada de cobertura multinacional, autodesignada calificadora de la capacidad crediticia de estados soberanos prestatarios, con la venia de instituciones financieras prestadoras, igualmente privadas, todas o casi todas del ámbito financiero de la anglosfera multinacional.

(El garabato entre los dos nombres propios es, en realidad, una reliquia caligráfica medieval para escribir la conjunción “et” en la “lingua franca”, en la que se escribían los primeros documentos ingleses. “Dieu et mon droit” dice su escudo nacional).

No está de más hacer notar que esas instituciones financieras de la anglosfera ya no son ni con mucho las mayoritarias, desde la aparición del gobierno chino en las finanzas internacionales, en especial para los países en desarrollo de Asía, África y América del Sur y Central.

Los préstamos chinos son esencialmente de gobierno a gobierno y vinculados a proyectos de gran infraestructura en los países “de mediano desarrollo” y precisamente destinados a su desenvolvimiento económico; y también a su comercio internacional.

Procede aquí recordar el proyecto del Tren Bala en México, desde Querétaro a la capital federal, para el que la empresa (pública) china constructora se había asociado con la privada mexicana Higa, de las simpatías personales de Enrique Peña Nieto.

Quien creyera ingenuamente que el proyecto quedó suspendido por el escándalo destapado por la presunta corrupción en la que se involucraba la presidencia, mejor debería mirar hacia el Norte; y analizar la naturaleza radicalmente diferente de los préstamos procedentes de la anglosfera para ese tipo de obras de gran calado: frente a los empréstitos chinos.

Además de que la moneda utilizada no será el dólar: lo que está significando una auténtica revolución financiera global, insoportable para Wall Street y, en consecuencia, para Washington.

Por cierto, también la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, a través de su Fondo para el Desarrollo Internacional, otorga un crédito a Cuba por 45 millones de dólares para financiar un proyecto de energía solar en la isla, que busca aumentar la generación de electricidad mediante sistemas domésticos y locales fotovoltaicos, y también calentadores solares; y cambiar así su matriz energética altamente dependiente del petróleo.

Sobra decir que a la OPEP le tiene muy sin cuidado el ominoso bloqueo que los Estados Unidos le tienen establecido por más de medio siglo a la isla de Cuba, y que ahora se agudizó con la lucha de Donald Trump en favor de la democracia en el mundo (menos en Guantánamo). Bloqueo que sistemáticamente, año con año, recibe el repudio internacional en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, prácticamente unánime, salvo el voto de Israel a favor.

Ahora, Standard et Poor´s Global Ratings, en virtud de las facultades de que se halla investida (por Wall Street), advierte (de ese pelo es su pronunciamiento) que un cambio en la política económica del gobierno federal que emane de la voluntad popular mexicana el próximo 1 de julio, podría llevar a que la calificación (emitida por ella) sobre la deuda nacional sea “degradada”.

En cambio, si continúan las mismas políticas (que han llevado en 2017 a que México tenga la más alta deuda pública, tanto en términos absolutos como en relación con el PIB), entonces es probable que la calificación de solvencia sea “estable”, dice SPGR.

La advertencia dice que: “un cambio negativo, no previsto en las políticas fiscales u otras políticas económicas, posterior a las elecciones que se llevarán a cabo en julio, podría afectar las expectativas de crecimiento del producto interno bruto (PIB) del país”. Un cambio negativo.

Evidentemente la calificadora no se ha tomado la mínima molestia de hacer siquiera un somero análisis crítico de las cuentas presupuestales del gobierno del Distrito Federal en el período 2000-2005, cuando estuvo a cargo del candidato ahora con notoria ventaja en los sondeos: al que evidentemente alude SPGR en su advertencia.

Vería ahí cómo de ese ejercicio presupuestal no quedó ni un peso de deuda, además de la conocida construcción del mencionado segundo piso y otras obras de infraestructura, la creación de la Universidad Autónoma del Distrito Federal y de los decisivos programas sociales.

Enrique Peña Nieto (y sus colaboradores José Antonio Meade y Luis Videgaray) dejan una deuda pública que llegó en 2017 a 10 millones de millones; y para poder salvar la calificación crediticia de SPGR, recurrieron a la chapuza de vender bienes estructurales de patrimonio nacional, como ductos de Pemex, para bajar la proporción respecto del PIB de 50 a 49.2 por ciento.

Cada día es más claro que lo que verdaderamente está a debate en campaña, apenas mencionado, es el tema de “las políticas fiscales”.

www.estebangaraiz.org

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