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Sábado , 26.05.2018 / 22:41 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Rusos, chinos, gringos

Esteban Garaiz

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Quienes, de este lado, se ilusionaron con el muro de Donald Trump de separación entre las dos Américas: la del Norte y la Otra, se equivocaron lastimeramente. Ya llegó Rex Tillerson; y llegó tirando línea a los súbditos del traspatio Sur. El muro tapa sólo de sur a norte. Tiene un enorme boquete de Norte a Sur (con mayúsculas).

El señor Secretario de Estado (o sea: el responsable de las relaciones exteriores) de los Estados Unidos llegó a impartir sus apreciables instrucciones de parte de su jefe, el inefable señor Donald Trump. Dice Rex Tillerson: “América Latina no necesita nuevos poderes imperiales”. NUEVOS. O sea: con el viejo poder imperial tenemos suficiente. ¿Queda claro, súbditos del Sur?

Nos dice también el señor Secretario: “El modelo de desarrollado liderado por China recuerda el pasado”. ¿Qué le preocupará, o qué le incomodará al Señor Secretario del hecho real de que China haya recordado su glorioso pasado, haya sacado del hambre y del analfabetismo a más de 800 millones de chinos y en 70 años haya llegado a ser la economía con mayor PIB del mundo, rebasando a la de los Estados Unidos de América, según los organismos económicos de las Naciones Unidas?

China: potencia a la que ahora Donald Trump denomina oficialmente “país adversario”; lo que tiene claramente un sentido bélico, no de mera competencia.

Es importante que en América reflexionemos la drástica, esencial diferencia que existe entre el modo de proceder de la economía estadounidense, especialmente con los llamados eufemísticamente “países en desarrollo”, y el de China.

China ofrece, de manera específica a los países de África y América del Sur y Central, préstamos públicos, de gobierno a gobierno, para proyectos de infraestructura estratégica, como ferrocarriles, puertos, carreteras y demás, muchas veces con tecnología china y con empresas públicas chinas. Suelen ser pagaderos a largo plazo, e incluso en especie: como puede ser la soya, básica en la alimentación del pueblo chino.

La obra en esos países queda en manos directas de sus gobiernos y en beneficio de sus pueblos. Nunca China se apropia de yacimientos o de plantaciones, o estructuras ni de recursos naturales en territorios de otras soberanías.

Por estos hechos, resulta notoriamente inapropiado hablar de “imperialismo chino”.

El imperialismo, como hecho real, tiene dos características esenciales. Por un lado, la apropiación directa de los recursos económicos estratégicos (minerales, hidrocarburos, plantaciones) en territorios de otras soberanías. Por el otro lado: la instalación de bases militares en otros territorios.

Hay en 2018 bases militares de Estados Unidos en más de 80 países del planeta (incluida la Bahía de Guantánamo, que le fue arrebatada a Cuba en 1903, como condición para “concederle” la independencia).

China no tiene bases militares fuera de su territorio nacional. Por lo contrario: en abierta oposición al criterio del Consejo General de las Naciones Unidas de “una sola China” (aceptado por Barack Obama) la isla de Taiwán cuenta también con una impresionante base militar: de los Estados Unidos; cuyos portaviones navegan ominosamente por el Mar de China.

Rusia: su único interés en materia petrolera es precisamente VENDER a buen precio sus abundantes hidrocarburos a Europa, desde sus pletóricos yacimientos del sur y de Siberia; sin interferencias. Por eso precisamente cierra filas con los países exportadores de la OPEP, para mantener alto el precio internacional. La lógica le indica la conveniencia de ser aliados con México… y con Venezuela y los demás, en los vaivenes del precio.

Durante la precampaña pasada en los Estados Unidos de América para la elección presidencial, al interior del Partido Demócrata, en cuyo seno competían la señora Hillary Clinton frente al Senador Bernie Sanders, un grupo de hackers rusos, particulares, destaparon que la propia estructura partidaria, oficial, del Partido Demócrata estaba obstaculizando y bloqueando la aspiración del Senador Sanders, para favorecer tramposamente a Hillary.

Esa es la única base real y documentada de la interferencia rusa. Todo el ruido generado posteriormente en ese país (y que continúa, agrandado por innumerables declaraciones en el Senado) trae en histeria colectiva al crédulo público norteamericano (que vive siempre en el ansia apocalíptica).

Una mínima capacidad de análisis obliga a recurrir al viejo principio latino: “Cui prosit”, a quién beneficia. Qué gana la potencia rusa por estas tierras lejanas y sin ningún interés concreto en meter desorden aquí: ni económico, ni político, ni estratégico.

Puro sentido común.

P.D.: Una aclaración para matizar: la petrolera rusa Lukoil firmó en 2014, durante la actual administración priista, contrato con Emilio Lozoya, para el bloque Amatitlán. Ya está aquí. Negocio.

www.estebangaraiz.org

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