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Lunes , 18.06.2018 / 22:53 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

¿Quiénes son los votantes antisistémicos?

Esteban Garaiz

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Adiós fraterno a Humberto Ortiz, compañero de lucha en 2008 contra la privatización petrolera.

Un prestigiado intelectual y hombre público, colega de estos espacios de expresión, con privilegiadas oportunidades familiares (en esta sociedad donde las oportunidades de desarrollo personal les son negadas a las grandes mayorías nacionales) publicó recientemente algunas valoraciones muy reveladoras, a partir de un crudo análisis de cara al próximo proceso electoral de 2018.

El análisis confirma la polarización política nacional; que en 2018 la contienda electoral será “del PRIAN contra los antisistémicos”; o sea lo que cada día queda más claro desde la formación del Frente Democrático Nacional en 1988; el consiguiente fraude electoral; y también el arreglo verbal de largo plazo entre “hombres de palabra”, establecido entre la dirigencia nacional del PAN y Carlos Salinas, como ha documentado a detalle Martha Anaya en su libro.

Acuerdo bipartita mantenido por 28 años con más de 17 cambios confesamente estructurales a las instituciones federales, en perjuicio de la Nación, afectando severamente de manera bien concertada entre ambas dirigencias, votando siempre al alimón, juntitas y juntando mayorías con “la chiquillada” en el Poder Legislativo Federal; e instrumentándolos en el Ejecutivo.

O sea: afectando de común acuerdo el Sistema Político Mexicano, derivado de la gran rebelión nacional de 1910-13 y del nuevo Pacto Nacional de 1917. Una actuación concertada y continuamente antisistémica, bajo la formalidad de una alternancia democrática PRI-PAN-PRI.

Nadie, pues, se sorprenda, si de cara a la elección federal de 2018, surge una nueva versión del PRIAN más la chiquillada, en una especie de Pacto por México de carácter electoral, frente y contra el Sistema Político Nacional. Sistema que se estructuró en 1917, y que tuvo un formidable impulso en 1934 con la profundización de la Reforma Agraria y la liberación de los peones, la alfabetización y las Brigadas Culturales, la Expropiación Petrolera y la fundación del Instituto Politécnico Nacional, las normales rurales.

Más, a mediados del siglo, la creación del Seguro Social, los libros de texto gratuitos, los desayunos escolares, la CONASUPO, la petroquímica básica, Fertilizantes Mexicanos para sustentar la seguridad alimentaria nacional, la Siderúrgica L.C. Las Truchas, Cancún, el IMSS-COPLAMAR que atendió la salud gratuita de las comunidades indígenas y rurales; y también la construcción masiva de escuelas rurales y urbanas y el benemérito Instituto Nacional de Mejoramiento del Magisterio. Más las reformas políticas: pluripartidismo en 1977 y la autonomía del IFE en 1990-96. Para no hablar de la política exterior independiente con figuras gloriosas como el querido maestro don Jorge Castañeda y don Alfonso García Robles, que lograron, con otros, las aguas patrimoniales, duplicando la superficie nacional.

Estructuras sistémicas que han sido disciplinadamente dañadas, demolidas, deterioradas deliberada y premeditadamente en los últimos 28 años por los dos aliados de diferente escudo.

Sobre el 2006, dice el citado columnista: “Que si estos votos fueron por el trabajo de Elba Esther Gordillo y de algunos gobernadores afines a ella, que si fue por la cantidad de dinero que el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios (así se llamaba) invirtió en la campaña de Un Peligro para México; que Fox convenció a los empresarios y a muchos priistas de sacrificar a Madrazo para que no ganara AMLO, es indiferente”.

Los lectores podrán juzgar si pueden resultar indiferentes a los ciudadanos atentos estas torceduras de la voluntad nacional, expresamente ilegales, como la participación corporativa empresarial en las actividades electorales (que quedó descaradamente impune, y aun premiada desde el poder público). Nunca se propuso desde el empresariado que se consultara a los capitalinos gobernados por el “peligro” del 2000 al 2005 sobre su actuación Pública.

Lo que sí le queda claro a nuestro columnista es que podemos tener 9 escudos partidarios, pero sólo hay en México dos proyectos nacionales. Que uno de ellos es el de la dupla que de común acuerdo ha venido desmantelando las instituciones del Sistema Político Mexicano con reformas declaradamente “estructurales”. No son retoques de actualización. Son estructurales.

Por lo demás, todos los partidos políticos que hoy mantienen el registro nacional, lo obtuvieron de la autoridad electoral después de comprometerse, como condición previa indispensable, a guardar y hacer guardar las instituciones políticas del Sistema Mexicano sustentado en la Constitución Política de 1917 y las leyes que de ella emanen; y actuar pacíficamente en su aspiración a gobernar.

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