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Martes , 23.10.2018 / 05:42 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Ochenta años, PEMEX y "gasolinazo"

Esteban Garaiz

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A Javier Jiménez Espriú, de su admirador.


Esa sí fue transparencia y rendición de cuentas al pueblo soberano. Sí fue ejercicio de democracia real. Sí fue soberanía nacional.

La misma noche de la firma del decreto presidencial de la Expropiación Petrolera, a las 11 de la noche en cadena nacional, y antes de su publicación oficial, el Presidente de la República se dirige a todos los mexicanos, el 18 de marzo de 1938, para hacerles saber las razones por las cuales se ha tomado esta decisión inevitable.

El entusiasmo popular fue masivo en todas las regiones y en todos los sectores: un verdadero refrendo soberano, como nunca antes y nunca después.

En su mensaje radial decía Cárdenas: “La actitud asumida por las compañías petroleras negándose a obedecer el mandato de la Suprema Corte que las condenó en todas sus partes a pagar a los obreros… impone al Ejecutivo de la Unión el deber de buscar en los recursos de nuestra legislación un remedio eficaz que evite definitivamente el que los fallos de la justicia se nulifiquen… un acto así destruiría las normas sociales”.

Seguía diciendo el Presidente por radio al pueblo: “Es el interés social de la clase laborante en todas las industrias del país el que lo exige. Es en el interés público de los mexicanos… Es la misma soberanía de la Nación… obliga al gobierno a aplicar la Ley de Expropiación en vigor”.

Explicaba por qué: “de no ocupar el gobierno las instalaciones de las compañías, vendría la paralización inmediata de la industria petrolera, ocasionando esto males incalculables al resto de la industria y de la economía general del país”.

Cuenta el ingeniero Cuauhtémoc en su libro Cárdenas por Cárdenas: “Las primeras reacciones fueron de franco y entusiasta apoyo y solidaridad popular. Las compañías no acertaban a creer lo que había sucedido, y no estaban dispuestas a aceptarlo. La decisión había tomado por sorpresa a todo el mundo, aun a los más cercanos. Nadie la imaginaba. Sólo dos personas sabían lo que iba a suceder: Francisco J. Múgica y Lázaro Cárdenas”.

El 21 de marzo, el Presidente creyó prudente dirigirse a los empresarios nacionales para hacerles saber que “el Ejecutivo de mi cargo se vio en la imperiosa necesidad de decretar la expropiación aludida como una medida totalmente excepcional, y por lo tanto, no se extenderá a las demás actividades del país, las que el gobierno ve con simpatía y considera necesarias para el desenvolvimiento nacional”.

Era sin duda el ejercicio apropiado en la debida aplicación de la rectoría económica del Estado, decidida en 1917en el artículo 27 del Pacto Nacional: “La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”.

En su libro La Gran Tentación (Grijalbo 2008) cuenta Andrés Manuel López Obrador: “Además de esta circunstancia debe señalarse que en ese tiempo gobernaba en Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, un gran estadista… Durante su presidencia aplicó la política de “buena vecindad” con los países del continente americano”. Cárdenas así lo reconoció. Estaba a punto de iniciar la Segunda Guerra Mundial.

Había patriotismo, había honradez y devoción en el servicio público. “El 26 de marzo la Plaza de la Constitución, el Zócalo de la Ciudad de México, estaba a reventar”.

El presidente nuevamente, ahora en directo se dirigió al pueblo entusiasmado: “Ya se ha tomado posesión de los bienes enteros de las compañías petroleras y seleccionado el personal directivo de entre nuestros más connotados técnicos y administradores, así como de los más responsables miembros del Sindicato de Trabajadores Petroleros, para que dirijan la nueva explotación nacional, pudiendo asegurar desde este momento que la honradez de los directores nombrados, es acrisolada e insospechable, y que los trabajadores en masa han respondido con espíritu de sacrificio y de abnegación, que el gobierno sabe será un factor constante de superación”.

Cuenta doña Amalia Solórzano: “Así fue como se convocó a una colecta para pagar la deuda de la expropiación… Llegaron con animales, borregos, alhajas, anillos de matrimonio, medallas de bautizo, objetos distintos, miniaturas, de todo”. En La Gran Tentación: “En Tultepec me dieron un recibo: El niño Martín Silva contribuyó con la cantidad de cinco centavos al pago de la deuda del petróleo para consolidar la independencia de México”.

Más de 40 años: hasta 1982, durante los cuales se ha respetado y cumplido el legado de Cárdenas: el petróleo de México como la palanca del desarrollo nacional. Sin exportar crudo. Con la gasolina producida en México. Crecimiento sostenido de más de 6 por ciento anual. Desarrollo espectacular: en salud pública, escolaridad, electrificación, cultura propia, orgullo nacional.

Del desastre neoliberal de 1982 a la fecha, la soberbia de Hacienda y el destrozo de Pemex ya hemos reiterado en este espacio.

www.estebangaraiz.org

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