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Sábado , 23.06.2018 / 04:12 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

No vaya a ser el Plan C

Esteban Garaiz

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Después de tomar nota de la entrevista que el ingeniero Alfonso Romo, coordinador general del Proyecto de Nación 2018-2024, presentado y publicado por MORENA, tuvo con organismos civiles como México evalúa y otras instancias varias del ámbito empresarial, ahora la inquietud y nerviosidad se están pasando para la banda de acá: la del 99 por ciento.

Muy sano, legítimo y políticamente conveniente que MORENA y su acreditado vocero Alfonso Romo tranquilicen a los nerviosos aclarando y garantizando que, por ningún concepto, el gobierno emanado de Regeneración Nacional violará los marcos de la legalidad republicana.

Pero resulta muy arriesgado (si es que efectivamente lo dijo) que Romo afirme que: “López Obrador se ha comprometido a no hacer cambios legislativos durante los próximos tres años”.

Si no ¿para qué se convoca a los electores a llevar a cabo “un cambio verdadero”? Tres años son la mitad del período presidencial. Es cierto que lo urgente, en primera instancia, es el cabal cumplimiento de la ley.

Es cierto también que el primero y principal combate contra la corrupción no necesita, para nada, un obeso Sistema Nacional Anticorrupción en manos de los corruptos; y que basta, por ahora, con poner a trabajar realmente a las actuales instancias e instituciones, hoy criminalmente omisas; y, en consecuencia, cómplices.

En materia educativa, por ejemplo, no se puede esperar ni un trimestre a desembarazarse del adefesio de “reforma” de Nuño y de Claudio X. y meterse de lleno a regenerar de inmediato la infraestructura material, empezando (por elemental justicia) por las escuelitas más apartadas de los niños más marginados, austeras y dignas como todas deben ser.

Los contenidos deben de inmediato recuperar los valores del Pacto Nacional, y no fabricar robots: “desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentar en él, a la vez el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional en la independencia y en la justicia”. Urgen contenidos sobre urbanidad, cuidado ambiental, nutrición y salud; higiene y vida diaria; también ciudadanía. Todo empezando por las normales.

Tarea del primer período de sesiones legislativas tiene que ser, de manera impostergable, la Ley Federal de Ingresos 2019 en concordancia con la Regeneración Nacional, dejando atrás la práctica imperdonable de 36 años de completar hasta un 40 por ciento del gasto federal consumiendo patrimonio nacional. Cualquier estudiante de contabilidad sabe que eso es un horror. Ahí está la Gran Corrupción.

México tiene que aprender a recaudar, como lo hacen todos los países prósperos del mundo que procuran la justicia distributiva: recaudación suficiente para atender las obligaciones constitucionales y los derechos humanos; ingresos suficientes y proporcionales que además deben ser progresivos. Desde la Ley de 2019; no puede haber demora.

No aumentar impuestos; aumentar recaudación sin privilegios desde este otoño de 2018. Es claro que la Federación no puede recaudar menos que 20 por ciento sobre producto nacional; no un miserable 12, que no es ni un tercio del promedio de la OCDE.

Por supuesto, recuperar de inmediato la movilidad propia con el combustible propio. Se puede. Hay crédito disponible, de gobierno a gobierno, en la esfera internacional; y se paga solo y pronto. No hace falta vender la Patria.

Por eso Pedro Joaquín se apresuró a entregar concesiones con jurisdicción internacional privada: para hacerlas irrevocables. (Quizá a eso se refería Romo).

A los electores, soberanos, nos queda claro que dos de los contendientes por la presidencia no son más que el Plan A y el Plan B de la gran oligarquía. Las declaraciones del ingeniero Alfonso Romo a la organización México evalúa y otras del ámbito empresarial nos generan ruido e inquietud.

El otro ruido, es sólo ruido. El problema de la minería nacional no es Napoleón Gómez Urrutia. El desastre de la minería tiene un nombre y apellido. Lo sabe todo el mundo. No es sólo un asunto de ruido y de nervios. Es de hombres muertos, ríos infestados, territorios comunales destrozados sin ningún respeto y sin ninguna reparación. Es de complicidad federal. Ahí no hay demora posible.

Como tampoco hay demora posible en recuperar la madre Tierra de desastres imperdonables como la cuenca del Río Santiago. Tiene que haber recursos fiscales para ello; y, sobre todo, voluntad política para meter en cintura a los envenenadores y obligarlos a restaurar a cabalidad. No multitas de las que se carcajean.

Algún día nuestra república será suficientemente soberana para entender que daños a la salud deben tratarse genéricamente como hoy se tratan el tabaco y el alcohol; y no a balazos, con armas, y directrices, importadas.

www.estebangaraiz.org

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