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Lunes , 15.10.2018 / 12:38 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Meter para sacar

Esteban Garaiz

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Enrique Peña Nieto presume. ¡Háganme el gran favor! Presume de que México ha “logrado” una inversión extranjera directa, IED, sin precedentes: en los primeros seis meses del 2017 en curso han llegado 18 mil 459 millones de dólares.

No queda claro si el titular único del Poder Ejecutivo Federal sabe que invertir es meter para sacar. Dicho de manera menos ruda: Inversión privada sana es, por definición, poner dinero en un negocio para obtener utilidad. Es ése el propósito (legítimo) de toda inversión privada: ser redituable.

Para el inversor todos los demás propósitos se supeditan a ése. Por eso es necesaria la rectoría económica del Estado mexicano: para “imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”.

La inversión extranjera directa, de la que presume Peña Nieto, está supliendo (o suplantando) la inversión pública mexicana necesaria, imprescindible, para el desarrollo nacional y, por ende, para el bienestar de los mexicanos; y también suple a la inversión privada nacional.

Como lo saben los economistas, y también los empresarios mexicanos, la IED, en muchos de los casos, no significa nuevas actividades productivas; no es desarrollo nuevo, sino compra de empresas mexicanas ya establecidas, afamadas y exitosas por decenios en la vida económica nacional, y acreditadas en el mercado y rentables (por eso las compran).

También lo hacen para engullir a la competencia y tener así una estructura trasnacional, dirigida desde el control central. La libre empresa torciendo la libre competencia.

Los visionarios constituyentes lo previeron con prudencia hace 100 años en el artículo 28. Dictaron: “En los Estados Unidos Mexicanos no habrá monopolios ni estancos de ninguna clase; ni exención de impuestos; ni prohibiciones a título de protección a la industria”. La rectoría económica del Estado tutelando el auténtico libre mercado.

Categóricamente podemos afirmar que desde 1982, por 35 años, la respectiva Ley Federal de Ingresos, aprobada cada año en el Poder Legislativo Federal, incluida la de este año 2017, viola flagrantemente el Pacto Nacional, con los célebres “regímenes especiales”, que dejan de recaudar precisamente ahí donde hay mayor acumulación de ganancias privadas; y dejan, en consecuencia, un Estado Mexicano fiscalmente famélico, con una recaudación miserable, que no ha rebasado el 13 por ciento, cuando los demás países de la OCDE, recaudan proporcionalmente más del triple; y lo principal: con el sistema de impuestos progresivos que propicia Naciones Unidas.

Por eso estamos como estamos. Por eso el Estado mexicano no puede cumplir con sus obligaciones constitucionales. Por eso, además, no puede invertir, ni en infraestructura ni en producción básica, para impulsar el crecimiento nacional. Por eso Peña Nieto presume de la inversión extranjera directa.

No deja de ser intrigante, y hasta divertido, que ahora la calificadora de crédito Standard and Poor nos haga saber que, de llegar a la Presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador, no modificará esencialmente el régimen fiscal mexicano. ¿Serán los impuestos a los grandes consorcios lo que más les preocupa de la democracia mexicana?

Que siga pues la petrolización del presupuesto federal. Sin populismo mesiánico. Que siga creciendo la deuda.

Esta atolondrada columna tiene que rectificar: hemos venido sosteniendo aquí que el gobierno incompetente completa el presupuesto federal gastándose cada año el 40 por ciento a partir del patrimonio, en vez de recaudar donde más han acumulado.

No es cierto (del todo). Ahí van las cifras oficiales: vendiendo el patrimonio nacional del país, o sea el crudo en crudo, que se acaba, en el año 2011 sólo se despilfarró sin recuperación el 36.6 por ciento; en el 2012 subió un poco a 37. 6 por ciento; en 2013 ya bajó a 31.9 por ciento; y en 2014, con el comienzo del derrumbe del precio internacional (que no controlamos) cayó la petrolización a sólo 27 por ciento.

Ya para 2015 se hizo sentir la crudeza del crudo derrumbado y la pobre Secretaría de Hacienda sólo consiguió el 13 por ciento de su presupuesto con los ingresos petroleros para completar el gasto; y por eso subió a las nubes la deuda pública; por eso también cerraron, escuelas apartadas y cerraron cupo universitario, y los hospitales están en penuria.

Mientras CEPAL de Naciones Unidas manifiesta con preocupación que no está habiendo en México inversión pública en infraestructura. La inversión pública productiva: en carreteras, puertos, manejo de cuencas hidráulicas, siderurgia y petroquímica básica, electricidad y otros, genera desarrollo y crecimiento. Eso es precisamente lo que está fallando en México desde 1982 con un Estado indigente.

P.D. Urge inversión pública en los estados siniestrados.

www.estebangaraiz.org

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