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Lunes , 22.10.2018 / 16:58 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Más allá de la lógica partidaria

Esteban Garaiz

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En las actuales circunstancias de la Nación, y del mundo, ha quedado atrás la lógica de los partidos políticos. La única lógica válida es: a favor o en contra de los dictámenes en las cámaras legislativas, incluso para los independientes.

A favor o en contra del proyecto republicano. Y el proyecto republicano es sólido y muy sencillo: igualdad, libertad y fraternidad.

Es claro que el actual gobierno de nuestra federación, el jefaturado formalmente por Enrique Peña Nieto, no respeta ni la igualdad, ni la libertad, y mucho menos la fraternidad (ahora sustituida por la competitividad). La competitividad inducida desde arriba abusa de la libertad, destruye la igualdad y corroe la fraternidad.

Empezando por el absurdo sistema fiscal, deficiente a grado internacional, que, en vez de ser compensatorio y progresivo, ahonda las inequidades sociales. Hace de nuestra "república" un Estado extremadamente débil. Si no, basta con hacer una mínima comparación con las naciones prósperas.

Estamos hablando de una proporción de uno a cuatro. Ellos recaudan cuatro veces más. O visto desde el otro lado: México recauda la cuarta parte. Por eso no puede atender los derechos elementales de las personas. No tiene con qué. Ahora ni acabándose el patrimonio energético, no renovable, le alcanza para el gasto corriente.

Continuando con el salario que remunere el trabajo humano del 99 por ciento, que viene reduciéndose desde hace casi 40 años. Ha llegado a grados tan absurdos que el propio sistema crediticio oficial para un derecho humano tan elemental como el techo, la propia norma legal desecha a quienes no perciben al menos 4 salarios mínimos; y contradictoriamente la Comisión de los Salarios Mínimos, teatralmente tripartita pero establecida y pervertida por el poder real, ha reducido su poder adquisitivo precisamente a menos de un cuarto del que tenía en 1976. Doble exclusión: a media nación.

En estos días de festejos del México libertario, es bueno recordar la perspicacia política del insurgente José María Morelos: "de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto".

Podríamos seguir por otro derecho humano esencial, base y fundamento del valor republicano de la igualdad: la escolaridad y la formación profesional.

Al Estado mexicano no le alcanza el presupuesto para tener escuelas de la misma calidad austera y digna para todos los niños y niñas del país, con cobertura universal.

Hay niños en escuelas de hojalata, sin electricidad, ni agua potable ni servicios sanitarios, indispensables para garantizar su dignidad de personas humanas.

Hay cientos de miles de jóvenes que no tienen cupo en la educación media superior y profesional, a los que el Estado induce y orilla a la vagancia, la drogadicción y la delincuencia (y luego los encarcela, donde salen más caros).

No hay entre las creaciones humanas nada más complejo que la computación. Se reduce en última instancia a un sentido binario.

Toda proporción guardada, la acción política es también en extremo compleja. Igualmente se reduce a un sistema binario: a favor o en contra de los valores republicanos.

Podemos seguir viendo en las cámaras legislativas cuáles partidos están a favor de las catastróficas y recalcitrantes políticas del actual grupo en el gobierno nacional; y quiénes son los que se oponen. Es significativo que tres senadores de diferentes partidos hayan emitido juntos su voto en contra: Dolores Padierna del PRD, Manuel Bartlett del PT y Ramón Corral del PAN.

Ya sabemos cuáles son las formaciones partidarias, al margen de la pluralidad de escudos coloridos, que hoy resultan meramente facciosos, y que han entrado en el Pacto por México, o lo que queda de él; pero empeñados contra toda lógica en seguir llevando a la Nación a esta situación persistentemente desastrosa, donde todos los mismos indicadores numéricos oficiales nos señalan que no hay solución real. Pero "vamos en la dirección correcta".

Ni hay igualdad, ni hay libertad, ni hay fraternidad.

También sabemos que por toda la república están surgiendo focos de hartazgo y de esperanza. También de rebeldía, casi siempre cívica. La violencia, donde se da, notoriamente empieza de parte del Estado: a veces represión selectiva, como contra los periodistas o defensores comunitarios. A veces también brutal y generalizada como en Ayotzinapa: herida que no cierra porque el Estado se ha negado a aclarar la línea de mando. Pero fue el Estado.

En resumen: más allá de toda lógica partidaria, de toda la pluralidad colorida, no hay más que dos opciones reales: o seguimos hundiendo a nuestra Nación, o rescatamos los valores centrales de la convivencia republicana: igualdad, libertad, fraternidad; y nuestro propio desarrollo. Así está desde 1917.


www.estebangaraiz.org

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