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Columna de Esteban Garaiz

Los partidos políticos hoy

Esteban Garaiz

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Siempre los peros. Los partidos políticos son los vehículos de los ciudadanos para su participación en la vida pública. Eso dice la ley. Pero hay que ver qué ocurre: qué ha ocurrido en estos últimos años de la actual administración. Porque del análisis que hagamos de esta situación reciente, los soberanos tendremos pronto que tomar una determinación de mucha seriedad y consecuencia, en la soledad individual de la mampara electoral, sólo delante de nuestra propia conciencia.

No podemos hacer como Esaú, que, porque tenía hambre, vendió su primogenitura por un plato de lentejas. En esa observación debe fundarse nuestra decisión soberana. No de campañas televisivas con ríos de dinero, con vanidades, o infundiendo miedos irracionales a “mesías”, “locos”, “populistas” y con peligros de terror inventado.

En estos años últimos para acá: mientras unos partidos de viejo registro han firmado pactos para seguir con más de lo mismo de las políticas entreguistas de los últimos años 35 años siguiendo las directrices del llamado Consenso de Washington, entretanto otros tres nuevos partidos tienen registro de ley reciente.

Los primeros han seguido sus mismas políticas destructoras: exportando frutillas y automóviles armados con partes importadas; también petróleo en crudo en vez de procesarlo en México; han seguido reduciendo escuelas y cupo universitario; atascando los espacios del seguro médico; reduciendo el salario a niveles de miseria.

Han seguido desmantelando y corrompiendo sindicatos que defiendan los derechos de los trabajadores; y lo más grave: han seguido sin recaudar los impuestos progresivos (más a los que más amasan) que les permitan cumplir con las obligaciones de todo buen gobierno: o sea tutelando los derechos de todos.

Que además ha significado perder de hecho la autonomía económica estructural que nos permitiría participar con dignidad en la creciente globalidad. Hoy NO tenemos garantizados en casa: ni los alimentos básicos para nuestra población, ni el combustible propio para nuestra propia movilidad, ni los fertilizantes para nuestra agricultura de subsistencia, ni las directrices para la educación de nuestra nueva generación. Ni el presupuesto federal para tutelar los derechos de todos.

¡Que se vayan todos! Diríamos al estilo argentino. Aunque ya ven cómo nos están ofreciendo la misma mona con distinta toquilla. El senador Manlio Fabio Beltrones tuvo recientemente una reunión privada (debidamente difundida) con empresarios en el Club de Industriales en la Ciudad de México, a la que acudieron políticos “de diferentes tendencias”, como Diego Fernández de Cevallos (imagínense), Roberto Gil, Miguel Alonso Raya y Sami David.

El propósito expresado fue, y es: un gran gobierno de coalición. A partir de una experiencia real: el PRI antes de 1988 ganaba con 90 por ciento de los votos legalmente emitidos; seis años después se redujo a 40; Vicente Fox llegó con 42 por ciento; Felipe Calderón llegó oficialmente con un 35.6 por ciento; Peña Nieto recibió legalmente 31 por ciento del PRI más 7 del Verde aliado.

El pronóstico de Beltrones es que el próximo ganador llegará con 30 por ciento de los votos emitidos (con una participación electoral baja). En consecuencia, piensa el senador Beltrones que” es cuando empresarios, sociedad, familias y grupos organizados pueden influir en el destino del país”. O sea: los ejecutivos de las empresas lucrativas cogobernando con PRI y PAN y otros en su elegante alternancia. Ahora en gran coalición nacional. Chulada.

Justo la noción de gobernanza inducida desde la Casa Blanca de Barack Obama. Frontalmente opuesto a la rectoría económica del Estado que dicta el artículo 27 del Pacto Nacional de 1917: “La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”.

Ya está totalmente claro el panorama para 2018: dos proyectos nacionales frontalmente diferenciados. No es realista hablar de terceras vías. A menos que se quiera caer en las redes de los trigarantes del siglo XXI.

De los tres partidos de último registro legal ante el INE, uno de ellos: Partido Encuentro Social está incorporado en la práctica al Pacto por México por el derrumbado Enrique Peña Nieto, víctima del “mal humor social” del 85 por ciento de los mexicanos.

Al parecer, en el PES piensan, como algún candidato priista, que castigando a mujeres que abortan resolverán los grandes problemas nacionales: como los hogares desintegrados de padres y madres con jornadas laborales (traslado incluido) de 12 horas y con salario mínimo vigente; o como el presupuesto federal, que no puede recaudar de quien debe, y que no puede cumplir con su obligación constitucional de atender los derechos de los mexicanos.

P.D. “Ya nomás me quedan dos, dos”.

www.estebangaraiz.org

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