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Martes , 16.10.2018 / 22:35 Hoy

Las cuentas de Meade y la liberación

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Peor para la realidad. Los tecnócratas tienen sus dogmas. Que salgan bien las cuentas. Aunque se mueran los mexicanos. Al final, también las cuentas se les descuadran.

Durante más de 75 años el precio de la gasolina mexicana, producida en refinerías mexicanas, con crudo mexicano, extraído por Petróleos Mexicanos, NUNCA se fijó internacionalmente (como dice el profeta José Antonio Meade).

Pemex fue siempre un aliado natural del Banco de México en su combate a la inflación. Daba seguridad a los consumidores mexicanos. También a los productores: y empezando por ahí.

Ahora hemos llegado gloriosamente a la liberación. ¡La liberación! Gracias a la eficaz gestión de José Antonio Meade, precedida por la de su compadre Luis Videgaray. Liberación de precios de la gasolina. Que la gente de nosotros conoce como “el gasolinazo”.

“Mira, el precio de la gasolina se determina internacionalmente, y fluctúa con las condiciones del costo”.

Fluctúa su chistoso talento de hombre público. Ahí se va, se va, se fue el doctor Catarrito a su nueva responsabilidad multinacional dejándonos atrás el desaseo de una inflación superior al 6 y medio por ciento: gasolinazo, más tomatazos, más tortillazos, más camionazos.

Carstens y Meade y Videgaray saben que ese descontrol viene del gasolinazo. En la terminología de ellos se llama liberación. Liberación, su chistosa lógica; desmadre en la nuestra: el río se les salió de madre.

El pueblo mexicano está malhumorado: con humor caprino; o sea: cabreado. Encima tener que aguantar lecciones de dogma económico neoliberal, según el catecismo de José Antonio Meade: “se determina internacionalmente y fluctúa”. He dicho.

¿Quién metió la gasolina al mercado internacional? ¿Para qué? Pero ¿Qué necesidad? El legado de la expropiación de 1938 era y sigue siendo por 80 años claro: el petróleo mexicano debe ser la palanca del desarrollo mexicano. Nada más y nada menos. ¿Por qué no entienden estos aprendices de brujos? ¿Qué caso tiene andar sudando fiebres ajenas y garantizando “la seguridad energética de América del Norte”? ¿Quién les manda?

Lo dicen los leales técnicos de Pemex y lo dicen muy claro: con la reconfiguración de las actuales refinerías de Pemex, en 6 meses podría garantizarse el abasto nacional de gasolina: sin las fluctuaciones internacionales del catecismo de Meade Kuri.

¿Por qué no dicen ellos, incluido el precandidato prianista, ahora “ciudadano”, que el impuesto a las gasolinas ya rebasó los 6 pesos por litro? Nada tiene que ver eso con las “fluctuaciones del mercado internacional”. Sí tiene que ver con el atroz desbarajuste que traen los gobiernos y las cámaras legislativas prianistas en la Ley Federal de Ingresos de cada año por los últimos 35 años.

Que no se laven las manos ni Meade ni Anaya; ni el Ejecutivo Federal que propone la iniciativa, ni el Poder Legislativo, o sea las fracciones parlamentarias que la aprueban año con año.

Fracciones legislativas que venden su voto por un plato de lentejas, tal como la pobre señora de barrio que no aprendió en la escuela el enorme valor (también económico) de su sufragio electoral: actúan como gestores de unos milloncitos para “su” distrito y se dejan meter el gol de la Cuenta Nacional. Ese gol es la causa y raíz de los grandes males nacionales; y del Estado omiso culpable.

No han sido los veneros del diablo. Ha sido el diablo en los veneros; y el catecismo del Padre Meade. Seguido fielmente por Ricardo Anaya y sus corifeos en las votaciones sobre el presupuesto federal en el Congreso: ahí.

Es una severa incongruencia que el IEPS, impuesto diseñado en el Poder Legislativo para cargar consumos no convenientes socialmente, como el tabaco o el alcohol, se cargue a la gasolina como si fuera un lujo de nula conveniencia social.

¿En qué pensaban los merlines novatos de las cuentas públicas, Videgaray y Meade, cuando se les hizo fácil cargar el IEPS a los combustibles? ¿Lo consultarían con el doctor Catarrito? ¿Ya ven el desorden que armaron y la subida de tono del mal humor social cabreado?

Lo curioso es que ahora Ricardo Anaya grite “al ladrón”, como si la fracción parlamentaria panista no tuviera nada que ver en el desaguisado. Ni las otras. Es cómplice activo.

No nos engañemos: en las cámaras federales se vota a favor o en contra.

P.D. Ahora resulta que el ejercicio de los derechos constitucionales de los mexicanos tiene que acotarse a los míseros ingresos públicos, y no al revés. Cuando México, por decisión del Legislativo Federal, no recauda proporcionalmente ni la tercera parte de lo que recaudan los países donde sí se respetan los derechos humanos. No hay para escuelas ni para cupo universitario, ni para abatir la mortalidad infantil.

www.estebangaraiz.org

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