• Regístrate
Estás leyendo: La otra delincuencia electoral
Comparte esta noticia
Viernes , 22.06.2018 / 09:09 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

La otra delincuencia electoral

Esteban Garaiz

Publicidad
Publicidad

Más de 10 millones de votos son comprados. Más de 10 millones de votos han sido comprados en 2006 y también en 2012. La cifra exacta la conocen los estrategas priistas; y también los dirigentes panistas. Así como conocen los vaivenes de la oferta y la demanda.

Nadie les dirá a los potenciales vendedores y vendedoras que, en términos estrictamente financieros, en el mercado que han hecho de los derechos ciudadanos, cada voto tiene un valor monetario real superior al millón de pesos.

Lo más preocupante no es el desequilibrio ecológico que provoca la sobrepoblación de los mapaches, que algunos grupos ecológicos (de los de verdad) veían con preocupación hace 20 años como especie de extinción.

Lo más preocupante es que haya en esta autoproclamada república más de 10 millones de ciudadanos y ciudadanas, legal y formalmente soberanos, que venden su voto.

Para quienes pertenecen a la mayoría nacional que tuvo como obligación infantil acudir al catecismo, resulta inevitable la referencia de Esaú, que vendió su primogenitura por un plato de lentejas, porque tenía hambre.

La soberanía popular, investida en cada mexicana y en cada mexicano de manera individual, es la verdadera primogenitura en este siglo XXI en esta legal república; y la venden; y muy barata.

La existencia inocultable de esos millones de mexicanas y mexicanos dispuestos a vender su voto (e incluso ingenuamente a honrar su compromiso en el secreto de la mampara) nos está indicando una triste, muy triste imagen del nivel de cultura cívica de la población de esta república.

Ese nivel de subdesarrollo cívico es una verdadera tragedia nacional. Inducida desde el poder constituido oligárquico nacional, su beneficiario.

Una primera observación es por supuesto, la vergonzosa calidad de la educación cívica en la escuela mexicana, sea pública o sea privada.

El civismo, como asignatura escolar esencial en la educación del futuro mayor de edad mexicano, es un estrepitoso fracaso. Un fracaso de la autoridad nacional, después de 100 años del artículo 3ro (quizá se debe decir que deliberado, después de leer la “reforma” educativa).

Y ya que hemos recordado a Esaú, la reflexión complementaria es: qué es lo que está pasando con la formación religiosa, de cualquier denominación, que, por esencia, incluye dogma, moral y culto. Y en la moral social incluye (en el 4to mandamiento) la responsabilidad soberana de elegir un buen gobierno, honrado y eficaz; y es un deber moral grave.

Es cierto que, por sentido común, los ministros de culto y dirigentes religiosos deben abstenerse de participar en campañas políticas en favor o en contra de determinados candidatos o partidos.

Hay, sin embargo, una responsabilidad, moral y también cívica, de cualquier dirigencia religiosa: difundir el tamaño enorme del valor de la ciudadanía, de la mayoría de edad, de la soberanía republicana de cualquier persona adulta.

Resulta exigible que en los espacios religiosos se instruya a los respectivos feligreses sobre la enorme importancia moral de emitir un voto informado y reflexivo, sin prejuicios ni animosidades.

Y, desde luego, alertar sobre la gravedad moral de vender su voto. No a cambio de un compromiso serio de campaña por el bien de todos, y en primera instancia de los socialmente marginados, de sus derechos elementales como salud, escolaridad, trabajo bien remunerado; sino mercarlo por una dádiva mínima de beneficio personal de corta duración. El que compra el voto es un delincuente electoral; el que lo vende es su cómplice; y además, muy mal negociante.

En cuanto a los compromisos de campaña, siempre habrá un punto de referencia anterior: ver qué ha hecho antes en favor de la ciudadanía y de la población la candidata o el candidato; y así: qué tan creíble es su promesa y compromiso de campaña.

Estamos hablando de instruir sobre la responsabilidad ética o moral (religiosa) de votar según conciencia; no de política partidaria. Estamos hablando de instruir sobre el hecho mismo de votar por el bien de todos los mexicanos, no de confirmar camarillas.

Después de todo, los partidos políticos como instituciones, no son sino los vehículos del pueblo soberano.

Y hablando de centenarios, Centesimus Annus “aprecia el sistema de la democracia, en la medida que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus gobernantes o bien de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”. Elegir y controlar a sus gobernantes o bien sustituirlos.

P.D. La obligación del INE: más adelante. Para eso tiene una Vocalía de Capacitación Electoral y Educación Cívica.

www.estebangaraiz.org

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.