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Miércoles , 14.11.2018 / 01:19 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

La Millonésima y el Consenso de Querétaro

Esteban Garaiz

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El pueblo soberano de México nunca consensó el Consenso de Washington que se nos ha impuesto por 36 años. El pueblo soberano de México ha refrendado el centenario Consenso de Querétaro: el de 1917; y lo ha hecho de manera abrumadora.

La Millonésima, o sea: los 125 magnates de entre 125 millones de mexicanos, quiere ahora cogobernar, al estilo del Consenso de Washington. Hace mes y medio cambiaron la estrategia. Durante 30 años forcejearon para que la Regeneración Nacional no llegara al poder republicano.

Ahora forcejean para cogobernar con el poder electo por la mayoría ciudadana. La Millonésima no ganó democráticamente. Sus socios en el poder político (el que termina en noviembre) gobernaron con la lógica al revés. No hacían lo que tenían que hacer porque no les alcanzaba el dinero recaudado; y no les alcanzaba porque no cobran impuestos a la Millonésima.

Los gobiernos de los países progresistas, por lo contrario, recaudan lo necesario para cumplir lo que el Estado tiene que hacer.

En el Consenso de Querétaro, el de 1917, está claramente establecido lo que el Estado tiene que hacer: lo que corresponde a los derechos humanos de todos los mexicanos, o sea: el derecho a sobrevivir, el derecho a que el trabajo sea dignamente remunerado, a la salud y educación, al entorno domiciliario con dignidad, a la paz pública.

No es válido ni aceptable que nos digan que no hay dinero. El dinero existe, acumulado con el trabajo de todos. El dinero lo tiene la Millonésima. Lo acumuló con el trabajo de todos los mexicanos. Según la ley: la de 2018, los impuestos que paga no corresponden a los deberes del Estado. Los impuestos en México deben seguir el criterio progresivo internacional; principalmente sobre la renta empresarial, guiados por la justicia retributiva.

La lógica sana es que el Estado en México debe recaudar lo necesario para lo que tiene que hacer para atender todos los derechos de todos los mexicanos.

Hace 10 años la senadora Dolores Padierna lo documentó de manera contundente ante el Secretario de Hacienda en su comparecencia ante el Senado de la República: la Millonésima no paga impuestos. El Secretario enmudeció.

Para quienes ahora dicen que desconocen los cómos del programa de Regeneración, respaldado de manera contundente por la soberanía popular: desde 2011 está publicado por Editorial Grijalbo el Nuevo Proyecto de Nación. Por el Renacimiento de México, cuyo capítulo 7 es precisamente: “Abolir los privilegios fiscales para redistribuir la riqueza con justicia”.

Ahí está la raíz de la corrupción. La Auditoría Superior de la Federación lo dice con toda claridad. No le hacen caso. Es más: acallan su voz y despiden a sus valientes servidores públicos que dicen la verdad del atropello que juntos cometen, legalmente, el Ejecutivo y el Legislativo.

Igual de legal (aunque viole la Constitución) es la aprobación tripartita del salario mínimo que se fija cada año. La Millonésima es cómplice, como parte decisoria en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, junto con el Poder Ejecutivo Federal y la “representación” de los trabajadores, que es una farsa criminal.

Plenamente documentado que el salario mínimo de este año 2018 no tiene el poder adquisitivo ni la cuarta parte del que tenía en 1976. Han estrangulado por decenios el ingreso de las familias trabajadoras, y en consecuencia, han hundido el mercado interno dejando a la mayoría sin poder de compra. También a las empresas nacionales.

Precisamente desde finales de 1976 el Fondo Monetario Internacional impuso a México las medidas de “moderación salarial”. Las inversiones, como el taquero, llegan donde hay demanda.

La Millonésima no tiene ahora ni autoridad política, ni económica, ni mucho menos ética para pretender cogobernar en la Regeneración Nacional, por la que se manifestó abrumadoramente el soberano. Nada de “codo con codo”.

El Consenso de Querétaro dice claramente desde hace 101 años (y más vale repetirlo): “La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”. Está muy claro el interés público.

El Consenso de Querétaro, con el respaldo de más de un millón de vidas humanas, y con las mentes más lúcidas de la escasa clase media de entonces, decidió que para construir una auténtica república se requería tener ciudadanos; que una república no puede cimentarse sobre latifundios con peones en servidumbre. Tierra y Libertad. Doble postulado; y la libertad requiere escolaridad.

Decidió también, de manera precursora, que un Estado no puede limitarse a definir su estructura meramente política y expresar los derechos individuales. Tenía que asumir la rectoría económica. No suprimir la iniciativa privada; sino subordinarla al interés público.

No cabe cogobierno. P.D. Otro 14 de julio: libertad, igualdad, fraternidad.

www.estebangaraiz.org

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