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Domingo , 23.09.2018 / 21:22 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

La larga estirpe del liberalismo social

Esteban Garaiz

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Este viernes pasado, hace 4 días, se cumplieron 102 años. Jalisco, pionero una vez más, se adelantó a la promulgación del nuevo Pacto Social de 1917, en defensa de los derechos laborales.

El 7 de octubre de 1914, el gobernador interino del estado de Jalisco, Manuel Aguirre Berlanga decretó: “Artículo 1° se señala como jornal mínimo en el estado la cuota de CINCUENTA centavos diarios; Artículo 2° En los lugares en que el jornalero pague renta por habitación, combustible, agua y pastos, el jornal mínimo será de UN PESO por día; Artículo 8° El pago de jornales y salarios deberá hacerse precisamente con moneda de curso legal, quedando en consecuencias prohibidas las tiendas de raya”.

Era un eslabón más en la cadena de la lucha por la desconquista: por el desmantelamiento de la férrea estructura económico-social heredada del régimen colonial, que no quedó demolida con la tramposa Independencia de las Tres Garantías: y que hoy, en pleno siglo XXI sigue a todas luces inconclusa, con la mitad de los mexicanos excluidos en una nación que se dice república.

Cien años antes, en 1814, un cura pueblerino de Tierra Caliente, José María Morelos en los Sentimientos de la Nación, había propuesto que: “de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”.

Al inicio de la República, Francisco García Salinas, Tata Pachito, gobernador de Zacatecas en 1828-1834, ante el declinar de la minería colonial de metales preciosos, estableció empresas públicas de manufacturas de algodón, seda y lana, contratando expertos extranjeros; organizó sociedades y distribuyó 5 millones de pesos (de aquellos) de utilidades entre labradores, artesanos y jornaleros.

Dice don Jesús Reyes Heroles en su obra monumental El Liberalismo Mexicano que en nuestro país y durante el siglo XIX el liberalismo no siguió simplemente la corriente global del mero librecambismo, sino que, de acuerdo con la propia realidad nacional, heredada de la inequitativa estructura social de la Colonia, siempre tuvo una profunda faceta social. De ahí que le dedicó 135 páginas al Liberalismo Social.

Se puede añadir que esta corriente mexicana, basada en la “desconquista”, no sólo sigue un proceso paralelo a la socialdemocracia europea, sino que de algún modo se adelanta. Con figuras tan señeras como Miguel Ramos Arizpe, los jaliscienses Francisco Severo Maldonado y el genial Mariano Otero, el citado Francisco García Salinas, Ignacio Ramírez El Nigromante y Ponciano Arriaga.

Por supuesto, la corriente siguió viva, soterrada (y perseguida) durante el largo régimen porfiriano. En 1900 en San Luis Potosí Camilo Arriaga y otras 125 personas fundan el Club Liberal Ponciano Arriaga; y al año siguiente en la misma ciudad, 50 clubes reunidos acuerdan fundar el Partido Liberal Constitucionalista.

Entre los primeros participantes se encontraban Antonio Díaz Soto y Gama, después ideólogo de Emiliano Zapata, el líder jalisciense de Cananea Manuel M. Diéguez; y por supuesto, los hermanos oaxaqueños Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón, que editan el periódico Regeneración en San Luis Missouri.

Junto con Juan Sarabia, Antonio I. Villareal, Liberado Rivera y otros se elabora el Programa del Partido Liberal, cuyos puntos centrales serían incorporados poco después en el nuevo pacto social: la Constitución de 1917, que, maltrecha, continúa hoy jurídicamente vigente a punto de cumplir el centenario.

Así pasa México a ser la primera nación en la historia que incorpora en su texto rector los principios centrales del liberalismo social, que genéricamente se conocen en el ámbito de la ciencia política internacional como socialdemocracia.

Entre otros hay que mencionar: la abolición de la pena de muerte, la educación pública, gratuita, universal y laica como el gran instrumento de inclusión social; la reforma agraria demoliendo la estructura colonial; la rectoría económica del Estado imponiendo (no suprimiendo) a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público (la economía social de mercado).

Por supuesto, los derechos laborales: jornada máxima, salario mínimo (hoy destruido por 40 años), seguridad e higiene, vivienda, descanso semanal y sindicalización libre (ahora martirizada por el PRIAN con una nueva reforma estructural).

Hoy, después de 30 años de Neoporfirismo capitalista mexicano de dictado global, urge la recuperación de los valores republicanos del liberalismo social mexicano de largo linaje.

Todo parece indicar que sí será posible, como hace 100 años. Esperemos que sin violencia.

P.D. El decreto de Aguirre Berlanga apareció publicado en la revista del CEPES del PRI, Jalisco septiembre-diciembre 1985.

www.estebangaraiz.org

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