• Regístrate
Estás leyendo: Jalisco ya existía hace dos mil años
Comparte esta noticia
Domingo , 23.09.2018 / 18:13 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Jalisco ya existía hace dos mil años

Esteban Garaiz

Publicidad
Publicidad

Cuando Beatriz Hernández y sus compañeros inmigrantes cruzaron hacia el sur valientemente el Río Santiago y decidieron establecerse una legua al sur del pueblito indio de Atemaxac, ya existía Xalisco; y tenía más de dos mil años de asentamientos civilizados sedentarios, como Teuchitlán – Guachimontones o el Peñol de Tepatitlán.

La sociedad jalisciense de hoy (y no sólo el gobierno) vive de espaldas a su pasado prehispánico. Como si los primeros europeos inmigrantes hubieran llegado a tierras vacías. Más aun: cualquier persona con aspecto indígena, o sea originario, es considerado contradictoriamente como inmigrante.

Al estilo de Joe Arpaio en Arizona, para él quien tiene pinta de indígena americano (de América) es “allien”. No es broma de mal gusto: así llama oficialmente la Migra a quienes cruzan sin papeles.

Hace 19 años Phil Weigand y su esposa Acelia García publicaron un folleto editado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de Jalisco, donde hacían importantes consideraciones que valdría la pena revivir.

Decían Phil y Acelia que “en todo el mundo los sitios arqueológicos han resultado ser importantes bienes para la promoción del turismo y el desarrollo económico”. Pero aclaran, citando a Octavio Paz, que la decisión del gobierno federal de centralizar el turismo arqueológico alrededor de unos pocos sitios monumentales es “un intento por legitimar su propia centralización”.

El folleto, por demás ilustrativo ante la ignorancia generalizada, hace clara y expresa referencia “al abandono oficial” de sitios que fueron importantes poblamientos civilizados, como el Peñol de Tepatitlán conocido como El Chiquihuitillo, el de Santa Rosalía en Etzatlán, o el Ixtépete de Zapopan; el basurero de Matatlán en Coyula Tonalá; la pirámide de Techaluta; la de Ixtapa en Puerto Vallarta; y naturalmente el sitio monumental de Teuchitlán llamado Guachimontones.

Teuchitlán no sólo fue el primer polígono industrial de Jalisco, en los tiempos de Cristo, con utensilios de obsidiana de las minas de La Joya, del volcán de Tequila, que se exportaban por Mesoamérica. También las chinanpas, ahora cubiertas por aguas someras, visibles desde el centro ceremonial en la loma, son la clara prueba de una agricultura intensiva altamente tecnificada. La planta circular de los Guachimontones, con su contemporánea de Cuicuilco en el Valle de México, son las únicas de ese trazado redondo ceremonial.

Un sesgado criollismo ha querido hacernos creer que sólo caxcanes dispersos nómadas con arcos y flechas, habitaban estas tierras. Lo que pretende legitimar la conquista y ocupación de las tierras por colonos, orillando a los indios a las barrancas huicholas.

Los Altos de Jalisco tampoco estaban despoblados a la llegada de los europeos. Ytechcopa Timoteilhuia yn Tobicario es un folleto editado por El Colegio de Jalisco, con textos en “náhuatl de la periferia”, recopilados y traducidos al castellano por John Sullivan.

Recoge las peticiones, quejas y reclamos de los alcaldes, regidores, y residentes indios de los pueblos originarios de Jalostotitlán, San Gaspar, Teocaltitlán, San Miguel, Mezquitic, Mitic y San Juan, todos de los Altos, contra el vicario y su barragana española, en 1618.

Algunas muestras: “ya no aguantamos trabajar con él porque nos maltrata muchísimo. Tenemos miedo nosotros los naturales. Y a este sacerdote no le asustan sus pecados. A vista de todo el mundo está amancebado con una española casada. Siempre duerme con ella y cuando se levanta inmediatamente dice misa”. “Para que lo expulse de aquí de nuestro pueblo, Jalostotitlán y nos dé a nuestro honrado sacerdote Gaspar de Rivera; porque es un hombre muy honrado y nos explica bien la santa doctrina. Pedimos justicia”.

En San Gaspar: “En el confesionario sólo se aloca agarrando a las mujeres. Por eso están aterrorizadas y no quieren confesarse con él. Ya huyeron quince personas debido a su trato”.

En San Julián: “A mí alcalde me golpeó la cabeza contra la puerta; y de esta manera se regresó y no dijo misa. Con todo esto la gente se asusta y está huyendo de aquí. Por este motivo ya está por desaparecer un pueblo del Rey”.

En efecto, a la llegada de los inmigrantes labriegos españoles pobres, arrendatarios de pequeñas estancias de la enorme hacienda de Santa Ana Apacueco (hoy Santa Ana Pacueco), medio siglo después, casi encontraron despoblados los pueblos de los Altos. Así recurrieron algunos al trabajo de los esclavos africanos.

Según los registros parroquiales (el registro civil de entonces) había en Jalostotitlán en 1763 un total de 2329 fieles de origen africano: 1766 mulatos libres y 563 esclavos. La parroquia tenía entonces 10 mil personas; la mitad indígenas.

www.estebangaraiz.org

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.