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Miércoles , 14.11.2018 / 01:36 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Finanzas sanas

Esteban Garaiz

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Sin dinero no hay gobierno. Este miércoles pasado, el Vocero de la Presidencia de la República, Eduardo Sánchez informó a los medios de comunicación que el Presidente Peña Nieto instruyó para “que cada secretaría realice los ajustes que sean necesarios para que la próxima administración tenga las mejores condiciones financieras para el arranque de su administración”.

Aclaró Eduardo Sánchez: “Lo que importa es que el cierre de administración sea con finanzas sanas”.

De verdad, no queda claro si el Vocero de la Presidencia midió bien el alcance de sus comedidas y conciliadoras palabras.

La deuda pública federal consolidada ha alcanzado en la administración de Enrique Peña Nieto el monto más descomunal de toda la historia de la República mexicana: no sólo en números absolutos, sino también en comparación con el Producto Nacional Bruto (PIB); o sea: el monto de lo producido por la Nación entera en un año completo; que es una referencia internacional.

El gobierno de Enrique Peña Nieto concluye en estos meses de 2018 con una deuda pública consolidada de 48 por ciento del PIB; es decir: equivalente al trabajo de todos los mexicanos durante casi medio año.

No está de más mencionar que el año pasado 2017 esa deuda alcanzó la monstruosa proporción de 52 por ciento sobre el PIB. Pero la piadosa asesoría de la autonombrada calificadora financiera internacional Moody´s, apéndice de los señores de Wall Street, aconsejó al gobierno federal mexicano la venta (privatización) de instalaciones energéticas (ductos de hidrocarburos) arriba de superficie, que eran de patrimonio nacional.

Con esa chapuza se logró abatir el porcentaje de la deuda: así, con ese aporte de patrimonio, quedó la deuda abajo del 50 por ciento y México recuperó su “capacidad crediticia”, o sea: el derecho de seguir endeudándose.

Hace 4 años el porcentaje de la deuda nacional pública era de 33 por ciento. Esas son las finanzas sanas de que habla don Eduardo Sánchez.

Claro: por los misterios de la contabilidad, ese descomunal monto, de 10 millones de millones de pesos, no incluye la deuda gigantesca con la que hundieron a Pemex, cuyos despojos todavía son (parcialmente) de propiedad nacional. El hoy “empresa productiva del Estado”, desangrada por 36 años para completar el gasto federal, debe, según el Informe Semestral sobre el Uso del Endeudamiento de Pemex y sus Empresas Productivas Subsidiarias, del segundo semestre de 2017, 2 billones 5 mil 800 millones de pesos. En 2013 era de 831 mil 400 millones de pesos.

El engaño parece febril fantasía, pero es la cruda realidad. se llama: PIDIREGAS; y no es broma de mal gusto. Pidiregas en el diccionario de la Secretaría de Hacienda quiere decir: “proyectos de inversión diferidos en el registro del gasto”.

La clave del misterio burocrático está en la palabra “diferidos”. O sea: “tú Pemex, como yo te tengo exprimida cobrándote más de tus utilidades brutas, y encima te dejo en números rojos cada año, entonces endéudate para que puedas seguir operando y reponiendo reservas probadas; pero tus deudas no las considero deuda pública”.

El engaño, por supuesto, no se lo cree ni Moody´s en su complicidad. Así Pemex debe más del valor de sus activos arriba en superficie. Como “no es buen negocio”, no reconfigura sus 6 refinerías y tiene “necesidad” de importar más del 70 por ciento de las gasolinas a los precios fluctuantes del mercado internacional. O sea: gasolinazo.

Hay algo más que comentar sobre las finanzas sanas.

En el mes de junio de 2018, dos semanas antes de la jornada electoral (como lo han publicado Angélica Enciso y Enrique Méndez) la Secretaría de Hacienda, la misma de las finanzas sanas, decretó un aumento a los salarios de los altos funcionarios federales: los 317 mil de más alto nivel.

Lo hizo sin explicar el impacto en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2018 aprobado por el Congreso de la Unión.

El aumento, retroactivo al mes de enero no fue para el millón 567 mil 381 trabajadores del servicio público federal, sino sólo a los 317 mil empleados de confianza. La orden se giró mediante oficio 307-A-1665 con fecha 13 de junio, “mientras crecían las quejas de los contribuyentes por no haber recibido la devolución de impuestos que debió hacerse desde abril”.

Cada secretario, subsecretario, oficial mayor o director general tuvo un aumento mensual superior a 17 mil pesos. La transparencia brilló por su ausencia.

Esas son las finanzas sanas que deja el sexto presidente de la era neoliberal.

P.D. Humilde aclaración al amigo Víctor Hugo Ornelas: este pobre escribidor no es dirigente de nada. Como dijo el querido maestro Carlos Pellicer: “Ponga usted en su periódico que estoy retirado”.

www.estebangaraiz.org



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