• Regístrate
Estás leyendo: Estamos o no petrolizados
Comparte esta noticia
Domingo , 23.09.2018 / 13:44 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Estamos o no petrolizados

Esteban Garaiz

Publicidad
Publicidad

Cuenta una vieja leyenda medieval el episodio de un súbdito envidioso al que el rey, provocador, le ofreció concederle lo que pidiera, con la advertencia de que a su compañero envidiado le otorgaría el doble. El envidioso pidió que le sacaran un ojo.

Ese parece ser el caso con la gran potencia mundial en declive inevitable y con las finanzas públicas más endeudadas del mundo, frente al resurgir de la pujanza rusa; y cuando las maniobras geopolíticas no tienen ya respaldo alguno en justificaciones ideológicas.

Le queda claro al imperio que la Federación Rusia es hoy el estado miembro de las Naciones Unidas que cuenta dentro de sus fronteras con los mayores recursos naturales y también más diversificados. De manera significada los hidrocarburos.

También tiene claro que la economía total de la Europa del euro depende del combustible (gas y crudo) que le llega de Rusia. También saben que las finanzas del estado ruso están altamente petrolizadas. El petróleo crudo y el gas no sólo representan más de la cuarta parte de la producción nacional de Rusia, sino que también suman la mitad de los ingresos fiscales del estado y además dos tercios de las exportaciones totales de la Federación. (en México los ingresos fiscales derivados de acabarse el petróleo “sólo” representaron en 2013 un tercio del total; en los 20 años anteriores promedian un 40 por ciento).

Rusia y México no son los únicos países del mundo cuyas finanzas corrientes sufren severos trastornos con la caída estrepitosa de los precios internacionales. Angola, Nigeria, Irán, Libia, Venezuela y las monarquías árabes también tienen finanzas públicas altamente petrolizadas. Pero la volatilidad de los precios les afecta en diferente medida: según sus finanzas públicas anuales (de gasto corriente) estén amarradas o no a los ingresos petroleros y en qué grado.

El caso de Noruega es ejemplar: sus finanzas públicas anuales no dependen de los ingresos, altos o bajos, de la empresa petrolera estatal (como en la gran mayoría de los países, que juntan el 85 por ciento de las reservas del mundo). Su gobierno obtiene sus recursos públicos anuales de su economía ordinaria mediante una recaudación altamente progresiva, cobrando mucho más a los grandes consorcios y recaudando así hasta un 45 por ciento de todo su producto nacional. De ahí la prosperidad y eficacia de su sector público.

El Fondo Nacional de Noruega que procede del petróleo propiedad de la nación es un fondo a mediano plazo, destinado en su totalidad al bienestar de las nuevas generaciones. Por eso no le afectan las volatilidades de los precios internacionales de cada día. Simplemente el monto crece en mayor o menor grado según avatares de los precios internacionales de cada día.

México tiene absurdamente unas finanzas públicas crecientemente petrolizadas, desde que se hicieron públicos en 1975 los grandes yacimientos del Terciario (el 13 de abril en Reforma, Chiapas, a escasos 20 kilómetros de Villahermosa, Tabasco, estábamos a 42 grados a la sombra cuando el Ingeniero Francisco Inguanzo de Pemex hizo el anuncio al entonces presidente Luis Echeverría).

Al siguiente sexenio y torcido el criterio original por la visión empresarial del ingeniero Jorge Díaz Serrano, el presidente José López Portillo nos hizo saber a los mexicanos que debíamos “prepararnos para administrar la abundancia”. El director de Pemex, en abierta violación de la norma establecida en el Plan de Desarrollo, vendió a los Estados Unidos, además de la plataforma máxima de exportación, el crudo adicional para que llenaran sus reservas. Con lo cual pasó a los anales de la OPEP como el gran esquirol por haber hundido el precio internacional.

Ahora la verdadera gravedad de la reforma energética perpetrada hace un año, estriba en haber torcido formal y constitucionalmente el propósito original de la Expropiación de 1938: que el hidrocarburo, como recurso natural propiedad de todos los mexicanos, sirva de base y sustento para el desarrollo económico (y social) de la nación, no sólo para la movilidad del parque vehicular mediante la refinación propia; o para la petroquímica básica soporte de toda la secundaria; sino también de los fertilizantes que sean pilar de la autosuficiencia alimentaria, hoy perdida.

Durante 40 años México no exportó su recurso acabable; el petróleo fue extraído como la plataforma de un desarrollo sostenido con crecimiento anual superior al 6 por ciento. Creció la industria y la agricultura y mejoró el ingreso familiar.

Así la volatilidad de los precios internacionales del crudo resultaba un dato secundario en la actividad nacional. Hoy Videgaray y Carstens tiemblan por las “causas externas” a las que ellos nos amarraron como remedio fiscal para no cobrarles a los grandes ricos. Fracasó.

www.estebangaraiz.org

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.