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Viernes , 21.09.2018 / 21:31 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

El que primero se sienta

Esteban Garaiz

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A Paco Ignacio Taibo II



A veces resulta útil acudir al origen y significado primario de las palabras, y de manera especial cuando se trata de términos que describen nuestra vida social.

No con pretensiones de erudición inútil, sino para entender el sentido profundo de lo que se quiere decir, o sea: de lo que queremos que nos entiendan. Porque en mucho la vida social, y aun la armonía social, dependen de la comunicación: de lo que decimos y también de lo que entendemos que nos dicen.

Palabras como “ayuntamiento” o “populismo”, “empresa productiva del Estado”, “municipio”, “asistencialismo”, “ciudadanía” o “presidencia” tienen un sentido hondo que debe ser transmitido cuando nos comunicamos.

El origen y sentido de la palabra “municipio” siempre conserva una connotación autoritaria: era la unidad recaudadora del Imperio Romano, que con el tiempo evolucionó hacia una forma autónoma de gobierno, otorgada desde arriba, integrada por quienes habían logrado el privilegio de ser ciudadanos romanos y no simples conquistados.

Claramente opuesta a la noción de “ayuntamiento”, o sea: Ajuntamiento de familias, que deciden desde lo local, desde abajo. Con tres características esenciales: es un cuerpo colegiado, es plural, y es normativo.

El gobierno colegiado y plural en el nivel local responde a las dos grandes raíces de la conformación de la Nación mexicana: la indígena y la hispánica. Del lado de la población originaria, específicamente en la institucionalidad azteca, el calpulli estaba ligado directamente a la posesión comunitaria de la tierra.

Del mismo modo que en la organización local peninsular, las familias, además de sus propias tierras (o rentadas) individuales, contaban con espacios comunes para leña, pastoreo y otros usos: el ejido (exitus en latin), de donde derivó el nombre para la organización agraria revolucionaria del siglo XX.

La palabra “Presidente” no significa único decisor autoritario (o autoritaria, según el feminismo gramatical de moda), sino quien se sienta en la primera de las sillas. Por cierto significado paralelo a la noción anglófona de “chairman” (en Viena oímos el neologismo “chairwoman” para dirigirse a la presidenta del congreso).

Es cierto que don Emilio Rabasa E. en su clásico La Constitución y la Dictadura, 1912, logró convencer a sus contemporáneos que el sistema de gobierno parlamentario de la Constitución de 1857, que acotaba al Poder Ejecutivo y daba clara preeminencia al Legislativo, hacía ingobernable a la Nación; y Rabasa así justificaba, o explicaba la dictadura de Porfirio Díaz

Como si el asunto de la gobernabilidad frustrada dependiera de una estructura política del gobierno; y no del hecho básico, esencial, de que es imposible fundamentar una república sobre un régimen agrario virreinal, casi feudal, de latifundios en manos de mil familias; y peones en virtual servidumbre: sin acceso a la escolaridad, al médico, al dinero, e incluso a su propia libertad para abandonar la hacienda, a la que estaban amarrados de por vida por la deuda permanente y heredada.

En suma: virreinato prolongado por 100 años más, disfrazado de república, sin ciudadanos.

Como ya hemos citado en otras ocasiones el que sí tuvo la lucidez de entender a profundidad el problema central de la seudorrepública fue precisamente don Justo Sierra, Ministro de Educación y Justicia: “cuatro quintas partes de los mexicanos son parias y no tienen derechos”. Por supuesto, tampoco ciudadanía.

Es igualmente cierto que, en el Constituyente de 1917, convocado por Venustiano Carranza, que había sido gobernador porfiriano, se impuso su criterio de un ejecutivo fuerte (a nivel federal y estatal), para superar las debilidades de la de 1857.

Pero entre las varias corrientes revolucionarias, o renovadoras, de 1916-17, el grupo del Partido Liberal de Camilo Arriaga (sobrino nieto de Ponciano) y de los hermanos Flores Magón, logró imponer mayoritariamente al Constituyente su criterio para recuperar el poder local, la refundación de la autonomía municipal y su estructura en plural: el ayuntamiento. Pluralidad que se volvió pruripartidaria en 1977.

Preocupación, por cierto, que se ha puesto de moda entre los analistas a raíz de la abrumadora elección de este pasado 1 de julio: el contrapeso republicano. Nada nuevo bajo el sol en la estructura ejidal del siglo XX, en donde en cada ejido hay (o había) un Consejo de Administración y, enfrente, un Consejo de Vigilancia: el sano contrapeso, no necesariamente oposición.

P.D. ¿Qué quiere decir contrapeso: mediatizar las decisiones de la mayoría o impedir que violen el estado de derecho? ¿Y cuál es el contrapeso al Poder Judicial?

www.estebangaraiz.org

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