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Columna de Esteban Garaiz

El cuento de las inversiones

Esteban Garaiz

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Donde haya tragones, ahí llegará el taquero. El taquero se ríe del cuento de las inversiones. No ha ido a estudiar Economía a la universidad. Pero sí se sabe, por instinto emprendedor, la primera y esencial lección de toda la ciencia económica: el motor de la economía es la demanda. Donde hay demanda: ahí habrá oferta, contra viento y marea; y eso es válido para los tacos, para las drogas, y también para la construcción.

Cada país, cada región tienen sus ventajas comparativas en materia económica. Hay en la madre tierra espacios para todo. A la United Fruit no se le ocurrirá plantaciones de plátanos en Canadá.

Allá por 1970 el Estado mexicano vio las ventajas comparativas del Sureste, abrió la ruta hacia la barra de Cancún y las playas del Caribe. Ahí llegó detrás la inversión, compraron hasta lo público, el Territorio Federal de Quintana Roo se llenó de inmigrantes ante las opciones de empleo; el Territorio subió a Estado Federal; se construyó el aeropuerto.

Otro tanto y paralelamente, el Estado mexicano abrió en la Península de California la carretera de norte a sur, hasta las playas de los Cabos, asoleadas todo el año. Construyó hotelitos a lo largo de la carretera, que luego vendió a empresas privadas. También el Territorio de Baja California Sur se elevó a la categoría de Estado; y los Cabos están llenos todo el año.

Entre las ventajas comparativas que tiene nuestro territorio, sobra decirlo, además del excelente clima, los hidrocarburos, las playas asoleadas todo el año, están también los recursos minerales; y, en la geografía global, está el Istmo de Tehuantepec.

Por los mismos años de 1970 el Estado mexicano decidió que en la desembocadura del Río Balsas se podía conjugar el hierro de las montañas cercanas con el carbón de Coahuila, y sentar así las bases de una poderosa industria siderúrgica y metal-mecánica.

Así, con proyecto productivo público, se construyó junto al puerto industrial la Siderúrgica Lázaro Cárdenas – Las Truchas; y surgió la ciudad. Así la producción de acero nacional surtió de insumo a toda la industria mediana y pequeña metalmecánica nacional. Como es sabido, en 1982 llegaron los neoliberales al gobierno federal. Vendieron SICARTSA al magnate acerero indio Arcelor Mittal, que, naturalmente, vende, como buen empresario privado, el acero mexicano a quien mejor le pague.

Entre las abundantes ventajas comparativas con las que ha sido bendecida la Nación mexicana, siguen contando los hidrocarburos. Son no sólo fuente básica de combustibles y energéticos, en tanto en el mediano plazo no se acaban de desarrollar las nuevas tecnologías limpias.

Los hidrocarburos y materias fósiles seguirán siendo, aun recicladas, insumo valioso para toda clase de productos de uso común, desde medicamentos, hasta recursos alimenticios y utilitarios. El Estado, como rector de la economía nacional en medio de la creciente globalidad, por ningún concepto puede abandonar las riendas de su uso racional y cuidadoso.

Del mismo modo, contamos con una inagotable oportunidad de desarrollo turístico, en el más amplio sentido de la palabra, en todo el Sureste mexicano, tanto en las costas y selvas permanentemente asoleadas, sino por los vestigios humanos de quienes supieron desarrollar el concepto matemático del cero y su utilización aritmética 2 mil años antes de que llegara a Europa por la Córdoba morisca en el 1300.

La exuberancia vegetal del Trópico mexicano en el Sur y Sureste debe y puede recuperarse después de la etapa de indiscriminada ganaderización de sus tierras. Toda proporción guardada, existe un cierto paralelismo entre los equilibrios presupuestales y el cuidado de nuestro planeta y su biología: se puede, por un lado, racionalizar y recortar sus gastos (o egresos); pero se puede también restaurar el equilibrio mejorando los ingresos, o sea: repoblando, aprendiendo con humildad de sus procesos naturales. De esto, mucha sabiduría acumulada mantienen los núcleos campesinos de la región.

Y volviendo a las inversiones, nuestros rectores económicos, en la concepción de los grandes proyectos nacionales, pueden estar muy tranquilos de que, como las moscas a la miel, llegarán en condiciones aceptables, de diversas latitudes, sin necesidad de recurrir a la voracidad anglosajona.

Hay suficiente capital acumulado en el planeta, disponible para inversión en condiciones de solidaridad y mutuo beneficio, en el marco de los principios internacionales de cooperación para el desarrollo. Muy específicamente en el sector ferrocarrilero y en el portuario; y más ahora en el auge euroasiático del auténtico libre comercio, sin absurdas ataduras arancelarias ni voracidades de supuestas propiedades intelectuales mal habidas.

www.estebangaraiz.com




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