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Lunes , 10.12.2018 / 13:14 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Antes de Arrancar

Esteban Garaiz

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A Pedro Mellado, gran periodista, gran hombre


Comienza la nueva Legislatura. Muchas ideas al frente. Mucho por demoler. Mucho por reconstruir. Sabemos claramente qué es lo que ya no quiere la gente. Sabemos también todo lo que queremos lograr y pronto. Ahora tenemos que saber hasta dónde podemos llegar en los próximos tres y seis años.

Sabemos también que, conociendo su fase terminal, los restos del PRIAN han tomado decisiones de enorme importancia con el propósito de hacerlas irreversibles, para luego decir paladinamente que “se perderían muchos millones en caso de echar marcha atrás en el proyecto”; y además han buscado compromisos internacionales para hacer imposible, o disuasivo, un cambio de rumbo ante hechos consumados.

Lo vimos con toda claridad desde un mes antes de la jornada electoral: se acabó de pronto la campaña de que el candidato puntero era “un peligro para México”. Cambió la estrategia de raíz. Desde ese momento la campaña se dirige a cambiar el programa: “las políticas de regeneración son inviables, utópicas; el dinero no le va a alcanzar; son ocurrencias; haremos inversiones si hay garantías”.

La imaginación no les da para prever que, si el dinero no alcanza, hay siempre dos opciones: o aumentar ingresos, o reducir gastos (y a veces las dos).

El programa de austeridad a los altos mandos y la reducción de la obesidad en la estructura de gobierno, no significan descuido de las funciones públicas. Cabe, y mucho, reducir plazas de gobierno inútiles y claramente parasitarias: muchas de ellas inventadas desde el 2000 para “amigos” zánganos; mientras se carga la mano a los empleados de base mal pagados.

En el otro lado: sí cabe, y además resulta necesario que la República mexicana tenga ingresos públicos equiparables a las 15 economías más grandes en el planeta (a las que pertenecemos) o a los países más prósperos y con gobiernos eficaces, que en promedio recaudan al menos tres veces más que México en proporción a su producto interno bruto (PIB).

Sólo por claridad mental: no se trata de aumentar impuestos y mucho menos en el IVA, que merma el poder adquisitivo de las familias.

Se trata de cobrar a todas las empresas, de manera progresiva, y principalmente a los grandes consorcios que, por decenios, vienen eludiendo pagar sus impuestos; y encima con arrogancia pretenden co-gobernar con los inventos neoliberales del “gobierno abierto” (para ellos) y la “gobernanza” de los “sectores productivos”, como si las industrias las movieran los inversores con su mirada.

Rocío Nahle, Dolores Padierna: ¡Alcen la voz como en otros tiempos! Que nadie deje de pagar impuestos que son de los niños sin escuela.

Por lo que toca a la economía familiar de los que se ganan la vida con su trabajo, y en concreto a la base legal de su ingreso: al salario mínimo, consagrado en el artículo 123 de la Constitución, violado permanentemente por 40 años por el Poder Ejecutivo Federal, pues parece ser que será violado también por el presidente electo durante los próximos dos años (mientras no se elimine de la ley la funesta Comisión Nacional de Salarios Mínimos) con la explicación oficial de que no provoque inflación. Cuando ha quedado claro y científicamente demostrado que no la provoca; y que el brote inflacionario de 2017 y 18 se debió al gasolinazo.

El contrapeso republicano entre poderes, tan reclamado a coro por las plumas del viejo régimen en fase terminal, hay que verlo con mucho recelo. No queremos contrapeso como el sufrido por Michelle Bachelet en Chile, que degeneró en freno y frustración juvenil. O como la paz en Colombia, lastrada y torpedeada por el contrapeso de los senadores terratenientes.

Al viejo régimen, como han dicho algunos respetados priistas (que los hay) sólo le queda el PUMD: Por Una Muerte Digna.

A la otrora respetada política exterior mexicana le urge el rescate de otro precepto constitucional: el apartado X del artículo 89, que define las facultades y obligaciones del Presidente de la República:

“En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

Esos principios significaban para el gobierno mexicano no sólo un modo obligatorio de actuar, sino también un escudo definitivo para su soberanía; y le dieron el prestigio que México tuvo hasta el año 2000. Acabar con la actitud sumisa de Videgaray; ofrecer y reclamar respeto; mirar al Sur.


www.estebangaraiz.org

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