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Columna de Esteban Garaiz

Ahora vienen las confluencias

Esteban Garaiz

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Acabaron las competencias; ahora tienen que venir las confluencias. Así debe ser. La prudencia del sentido común de la gente corrigió la arrogancia de los actores políticos.

No hubo mayor voto corrido: ni para arriba, ni para abajo. Durante años hemos insistido en que los partidos son sólo vehículos de la voluntad ciudadana. Eso ocurrió. Los ciudadanos, soberanos, usaron el vehículo que les pareció adecuado para cada destino: fuere el municipal, el estatal o el federal. Sabiduría popular (¿Será eso el populismo?).

Los partidos son partes. Por definición. Si un partido pretende actuar de manera totalitaria, convierte a sus adversarios y competidores en enemigos. Sólo las partes pueden completar el todo: la Nación entera. La democracia implica la madurez de cada partido para aceptar y asumir que es parte; y que debe convivir con las otras partes. No puede haber guerra de exterminio.

Tal como se veía venir, las Cámaras federales, los Congresos estatales, los ayuntamientos municipales tendrán representantes electos de los nueve partidos políticos con registro legal de cobertura nacional.

Muchas tareas, la mayoría urgentes, tienen el Ejecutivo y el Legislativo, de manera conjunta, al frente. Contarán con la mayoría ciudadana que en las urnas se pronunció por el cambio. Un cambio de rumbo para la Nación, después de un tercio de siglo de serios desvíos neoliberales.

Hay que recuperar los valores republicanos mirando al frente: libertad, igualdad, fraternidad.

Hay que recuperar, hacia adelante, los grandes valores del Pacto Nacional centenario.

Hay que reconstruir, revitalizar, relanzar y actualizar la rectoría económica del Estado, que conduzca la conveniente iniciativa privada más allá de su legítima prioridad individual: la obtención de utilidades: “La Nación tendrá en todo el tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público”.

La misma pluralidad partidaria, sin precedentes en la República, que ahora se confirma en las Cámaras federales, en los Congresos estatales, en los ayuntamientos municipales (plurales por definición) nos llevará a que los temas debatidos, de interés ciudadano, transciendan a la ciudadanía de base, a través de los medios clásicos y de las activas redes sociales. Habrá república de verdad: participación ciudadana.

La generación de cambio que llega, como ya lo hemos dicho, tiene un dirigente, una élite conductora, y una masa ciudadana activa, que apoya y exige.

Los grandes dolores de la República: los originarios y los derivados, se van a transformar en los grandes logros de la nueva generación: oportunidades para los jóvenes, impulso a la instrucción y a la capacitación para todos, bienestar familiar, paz y armonía social.

Empezando por los bajo cero. También abatiendo los grandes privilegios de los grandes, grandes: todo el mundo a pagar impuestos y en proporción creciente. Sin aumentar impuestos. Aumentar la recaudación. Sin evasores ni elusores.

Por supuesto, no hay ningún riesgo para las inversiones. Que se sepa, las inversiones no se oponen a la democracia: el taquero seguirá yendo a donde haya tragones; y serán más tragones en cuanto mejore el salario de todos. El cumplimiento de la ley y de los derechos laborales mejorará los ingresos de los tragones, y, por tanto, también el ingreso de los taqueros.

Habrá más inversión. Sólo los tramposos tendrán que irse, o salirse.

Mientras aquí cerca directores abusivos de escuelas públicas, en complicidad descarada con las autoridades educativas, siguen condicionando la inscripción de los niños al pago de cuotas (educación gratuita pagada),violando criminalmente el derecho humano más importante después de la preservación de la vida, entretanto los mejores pedagogos del país y egresados de entre las filas de los docentes frente a grupo están siendo convocados para revitalizar contenidos para formar ciudadanía y capacitación para ser productivos “sin hostilidades ni exclusivismos”.

Una cosa queda clara: a partir de ahora, y como nunca, la atención pública está muy pendiente de lo que se analice, se discuta y se decida en las cámaras federales; y también en las estatales; y también en los ayuntamientos tan plurales por todo el país.

Ya no habrá (como hasta este año) “reformas” estructurales logradas a punta de sobornos disfrazados de apoyos a distritos en particular: ya no se degradarán los legisladores, investidos de la soberanía nacional, a la categoría de gestores.

Desde luego, deberá acabarse el huachicoleo, que hoy se da mientras las Fuerzas Armadas Nacionales (por órdenes del comandante constitucional) descuidan sus funciones centrales de proteger las instalaciones estratégicas para andar destinadas a otras tareas que no les corresponden.

www.estebangaraiz.org

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