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Miércoles , 14.11.2018 / 03:59 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Aeropuerto o puerto lacustre

Esteban Garaiz

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En el lago Baikal, en medio del enorme territorio asiático de la Federación Rusa, cruzado por el Ferrocarril Transiberiano, que va desde San Petersburgo (Leningrado durante el siglo XX) hasta Vladivostok en la Costa del Océano Pacífico frente a Japón, está en la orilla occidental el puerto lacustre de Irkutsk. Prudentemente tierra adentro está situado el aeropuerto.

Si la humanidad ha de sobrevivir, ha de ser aliada con el agua. El agua es la fuente indispensable de la vida.

Lo primero, absolutamente indispensable, que tiene que tomar en cuenta quien quiera construir, ha de ser el espacio hidráulico sobre el que pretende trabajar.

En aquellos ya lejanos tiempos juveniles tabasqueños entre los campesinos chontales, una vez construida la Presa de Malpaso (13 mil millones de metros cúbicos de agua) los patriotas ingenieros de la Secretaría de Recursos Hidráulicos manejaban en el florido lenguaje tabasqueño el Decálogo de las leyes físicas de la Hidráulica.

No resulta procedente citar de manera textual en esta púdica columna las leyes inexorables del agua en versión tabasqueña. Pero sí resulta necesario hoy mencionar la primera ley: “el agua es terrible”; y la segunda que complementa la primera, y dice: “el agua siempre sabe lo que quiere”.

Puede parecer poco serio andar mencionando tales leyes naturales inexorables. Pero catástrofes humanas que frecuentemente conocemos, resultan irritablemente costosas en vidas y haciendas; y podrían evitarse por gobiernos irresponsables y familias necesitadas, si no se desoyeran las leyes físicas en cualquier lenguaje que sean recitadas.

Los aztecas sí sabían, y supieron, aliarse con el Agua, y convivir respetándola. El Valle de México, todos lo sabemos, es una cuenca cerrada. Lo que se piense construir en él, del tamaño que se proponga, además de tomar muy en cuenta el aspecto sísmico, igualmente ineludible, tendrá que respetuosamente ponderar el espacio hidráulico.

Confluyen al centro del lago texcocano, por siempre, 9 ríos: San juan Teotihuacán, Papalotla, Xalapango, Coxcacoalco, Texcoco, Chapingo, San Bernardino, Santa Mónica y Coatepec.

Descabezar cerros de alrededor de la cuenca endorréica (que fluye hacia el centro) es un atropello contra natura, de carísimo rebote, que puede serlo en vidas humanas.

Más si consideramos que esa fértil zona originalmente poblada mantiene todavía comunidades orgullosamente originarias, que no renunciarán fácilmente a su suelo materno, aun reprimidas con violencia.

A mediados del pasado siglo XX el gobierno de la República emprendió la colosal tarea de reconstruir y rescatar el vaso y su entorno de vida natural: flora y fauna.

El trabajo se llevó a cabo bajo la conducción del Ingeniero Gerardo Cruickhank García, Vocal Ejecutivo de la Comisión del Valle de Texcoco, de la Secretaría de Recursos Hidráulicos.

Restauración ecológica que eliminó de raíz las molestas tolvaneras salitrosas sobre la Ciudad de México, sobre todo en enero y febrero de cada año.

El debate suscitado ahora (sobre hechos consumados y carísimos, de espaldas a la debida información ciudadana) es una falsa disyuntiva. Las dos opciones: sobre el Vaso del lago o en Santa Lucía, no son, de ninguna manera, las únicas opciones: melón o sandía.

Un aeropuerto central o principal no necesariamente tiene que estar en la capital política de un país. De hecho, en países federales como Alemania, Brasil o los Estados Unidos de América están situados en ciudades diferentes.

En el caso de la República Federal de Alemania el aeropuerto de mayor movimiento es el de Frankfort. En Brasil: el de Sao Paulo tiene un tráfico aéreo superior al de Río de Janeiro. En Estados Unidos de Norteamérica notoriamente Nueva York y Atlanta mueven más vuelos y pasajeros que Washington D.C. Para no hablar de la Costa Oeste, donde el gran aeropuerto es Los Angeles.

Incluso empresas aéreas estadounidenses, como American Airlines, tienen su aeropuerto central fuera del territorio nacional, como es la Ciudad de Guatemala.

Claramente en el caso mexicano bien podría distribuirse el tráfico aéreo de escala en otras ciudades del centro; principalmente tratándose de escalas convenientes de rutas de Norte a Sur del continente americano.

Es verdaderamente absurdo querer reducir el interés de la consulta sobre el tema a sólo los expertos; y aun restringirlo a los peritos aeronáuticos, así sean los calificados técnicos de la OACI de las Naciones Unidas. El asunto no es sólo aeronáutico.

La cuestión afecta a la vida de millones de habitantes del Valle de México y cercanías; y además pesa inevitablemente sobre el presupuesto federal, que cubrimos entre todos.

P.D. Felicidades a la heroica Comunidad de Mezcala por recuperar, al fin, la integridad de sus tierras comunales.

www.estebangaraiz.org

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