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Viernes , 19.10.2018 / 01:11 Hoy

Columna de Esteban Garaiz

Activismo ciudadano desde lo local, agravios profundos desde lo federal

Esteban Garaiz

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Asombrados estamos de ver el entusiasmo, la efervescencia cívica por todo el estado de Jalisco: de norte a sur, de oriente a poniente. En Villa Hidalgo, Encarnación de Díaz, Jalostotitlán, Arandas, y también en Zapotiltic, Ciudad Guzmán, Atengo, Ixtlahuacán del Río, Tonalá, Tototlán, Ayotlán, Atotonilco, Zapotlán del Rey, Ixtlahuacán de los Membrillos, Poncitlán, Teocaltiche, Etzatlán, Jesús María, Cocula, San Marcos, San Juanito de Escobedo, Teuchitlán, Ahualulco, Hostotipaquillo, Magdalena; también en Guadalajara.

Dondequiera el entusiasmo, el crecer de la esperanza, el ánimo de participar, de ser pueblo soberano, de ser de veras ciudadanos, de asumir la responsabilidad y el poder local, de cambiar el “mal humor social” en alegría y participación, en esperanza activa. Esto crece y crece.

Tanto crece que ya está a la vista el riesgo del arribismo: de los convenencieros que ven en el entusiasmo de los de a pie una oportunidad de medrar; de quienes saltaron de los barcos que se hunden, y nadan y quieren hacerse del timón.

Esta columna ha mantenido a lo largo de sus 9 años de expresión ciudadana una particularidad: la de pretender analizar la realidad social de la República; la de estudiar las políticas, no a los políticos; la de entrever el impacto de las políticas públicas al margen de las trayectorias de los políticos profesionales.

Ahora, por seguir a la gente, hemos bajado a mirar desde lo local, donde se está gestando la nueva realidad de cada municipio, del estado, de la nación. Y ahí están los graves problemas por dondequiera: los mismos esencialmente, con sus características propias de cada marca local.

Las casas vacías por miles de Tlajomulco, en las grandes unidades habitacionales uniformadas, al igual que en Tonalá, El Salto, y en otras muchas partes del país; la descomposición de los hogares abandonados por 12 y 14 horas por padre y madre jóvenes; la inseguridad y crecimiento exponencial de los homicidios; el vandalismo de miles de jóvenes sin oportunidad real de estudiar o trabajar en el área metropolitana de Guadalajara, o en Lagos, Puerto Vallarta-Ixtapa, o en otras partes de Jalisco: NO son problemas de origen y raíz municipal.

Ni siquiera las grandes carencias y deficiencias en todos los servicios municipales son siempre atribuibles a la corrupción y a la ineficiencia (sin descartarlas) de los ayuntamientos: ahí está presente el perverso y dominante sistema de participaciones presupuestales federales, que tiene su raíz en la grave incompetencia o por mejor decir: complicidad criminal de un Poder Ejecutivo Federal, asegundado por el Legislativo Federal, que no les permite establecer impuestos realmente progresivos a los que más capitales acumulan, para después llevárselos a otros destinos socialmente improductivos.

Detrás de todos, todos los problemas locales de cada municipio de Jalisco siempre subyacen los dos agravios nacionales de origen federal, provocados por los dirigentes políticos federales, sumisos a los dictados globales: un salario mínimo miserable (y su escala subsiguiente) que viola el principio constitucional desde hace 40 años y ha hundido en la miseria al 99 por ciento de la población de México; y un régimen fiscal incompetente, que no recauda ni la tercera parte (a veces ni la cuarta) de lo que recaudan los gobiernos nacionales de los países prósperos.

Esa miseria de los salarios, esa explotación, verdadera violencia, del trabajo humano es la causa real y profunda de la descomposición familiar y del desorden social, en cualquier nivel local.

Desde ese mismo poder federal han desmantelado y demolido la industria nacional sustentada en el recurso natural más importante que tiene la nación: el petróleo. Desde ahí mismo están destruyendo el sistema educativo que es el plantel de los ciudadanos con valores.

El tiempo apremia. Dentro de poco la insurgencia popular desde lo local tendrá que enfrentarse también a la gran decisión soberana nacional: en el mismo momento y en la misma circunstancia, delante de su conciencia.

Sólo unidos desde lo local hasta lo nacional: en una misma aspiración esencial y por el bien de todos nuestros hijos y nietos, podemos ¡claro que podemos! cambiar esta horrenda situación del 99 por ciento, con la confluencia de todos.

P.D De lo contrario seguiremos en el horror neoporfirista. Como dijo el ídolo que tanta alegría repartió: “¡Pero qué necesidad!”.

Twitter: @EGaraiz

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