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Sábado , 15.12.2018 / 19:48 Hoy

El desmenuzadero

Racismo: donde nadie comprende a nadie

Erik Vargas

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Racismo es una palabra que ha sobrepasado su significado. Se origina en la división de razas: blancos, asiáticos, negros, pelirrojos, el color o rasgo físico que marque una diferencia, no importando que, salvo la diferencia de alimentación, la sangre, el orín y la mierda serán del mismo color.

Luego, la palabra creció en otras diferencias características de las civilizaciones, después, en la creencia de la superioridad de una sobre la otra, y más allá, en el odio. Hoy racismo significa odio de alguien, algunos o muchos, contra otro u otros.

Esa segmentación, se ha ido ampliando con el paso del tiempo con etiquetas que asumen una forma de vida como un modelo superior que no deja ver paralelismos.

Lo ocurrido en Barcelona, como en Manchester, Paris o Estados Unidos, son ejemplos inaceptables de los fundamentalismos, el extremismo de las creencias superioridad, las grandes ligas del racismo.

Si ya entendimos que, un estilo de vida ajeno a otro, no tendría que ser el móvil del deseo del exterminio, ¿porqué seguimos fomentando el odio solo por el motivo de ser?

La segmentación sobrepasa fronteras, colores, ideologías o lenguas, y cualquier característica que no cuadra con nuestra forma de vida, personal o grupal: ser vegano, millenial, andar en bicicleta, estar tatuado, tener una discapacidad, pertenecer a cierta escuela, escuchar algún estilo de música, vestimentas, aficiones, tener animales, etcétera.

Desde ahí se forja más que la intolerancia, base del segmentarismo (o racismo, dígale usted como deseé).

Tomo la esencia de un comentario (robado por cierto), de mi compañera Eugenia Gómez, quien acota, no es feminista: “Creo que ningún hombre es capaz de comprender el miedo/angustia/coraje que le provoca a una mujer cuando le grita que está “bien guapa” en la calle, o cuando le manda besos desde arriba de un coche. Nosotras mismas atentamos a la libertad que tenemos cuando elegimos no usar vestido si vamos a salir solas”.

Ese es el punto, nadie comprende a nadie, nadie tolera a nadie.

Incluso, hay sectores en movimientos contra la intolerancia que, paradójicamente, como en el feminismo o la ideología de género, tienen algún grado de intolerancia.

Los fundamentalismos o el ‘racismo’, antes de serlo fueron intolerancia, y antes, algo que solo parecía diferente.

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