• Regístrate
Estás leyendo: Pueblo bueno o bad hombres
Comparte esta noticia

El desmenuzadero

Pueblo bueno o bad hombres

Erik Vargas

Publicidad
Publicidad

Cuando Donald Trump, durante su discurso político en el otro lado del río Bravo, señaló a los mexicanos como “bad hombres” en su territorio, una clara reflexión de los cárteles mexicanos, y obvio, de los nuestros connacionales que llevan a gringolandia la cultura del agandalle y se topan con otra jurisdicción, fue un sorbete xenofóbico para el mundo, y de adeptos en su país.
Esta percepción unificó la mentada de madre nacional, pero ironizó sobre otro discurso político, uno de los tantos simbolismos de la retórica de López Obrador en campaña que le dieron el peso suficiente para lograr la más copiosa votación de la historia mexicana, la del “pueblo bueno”.
La oposición califica esto de populista, e incluso, lo sustenta con ejemplos de esa cultura “del agandalle”, estilo en la vida popular nacional, y lo complementa con un “ahí está tu ‘puevlo vueno”.
Y por décadas, desde la izquierda la satanización del “sistema”, el poder político mexicano.
Entonces ¿los mexicanos somos buenos o no?
Porque el viernes, Obrador desde Reynosa sostuvo la idea que con un reflejo de honestidad desde el gobierno, los mexicanos serían capaces de cumplir sus tributos fiscales, no falsearlos, regresar a trabajar, no abusar de los programas sociales, etcétera.
Tema de suspicacia, de sorna, de reflexión.
La filosofía sobre si el hombre es bueno o malo por naturaleza o la sociedad lo convierte en bueno o malo por manipulación, no es nueva, yace principalmente desde las ideas de Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau.
El primero, en el siglo XVII afirmaba “el hombre era un lobo para el hombre”, naciendo en un estado salvaje, malo por naturaleza, y en el que la sociedad (específicamente un estado monárquico y centralista) le daría las herramientas necesarias para que pudiera enderezar esa salvajismo nato.
Un siglo después, durante la Ilustración, Rousseau se contraponía a esa idea, asegurando que el hombre “nace bueno, pero la educación tradicional oprime y destruye esa naturaleza y la sociedad acaba por corromperlo”.
Ya en el siglo XX, Sigmund Freud hablaba de un ser instintivo hacia dos vertientes: el amor y el odio, mientras que Erich Fromm, decantaba la falta de una condición natural.
En el debate mexicano a veces rico y racional, otras insípido y superficial, ¿qué no funciona en este país? _

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.