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El desmenuzadero

La ¿plenitud? del pinche poder

Erik Vargas

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Cuando un grupo, colectivo u organización “muestra el músculo”, se refiere a demostrar su fortaleza ante el contrincante, intimidar o enfrentar haciendo uso de sus recursos y herramientas.
En política, esa frase define la necesidad de mostrar el poder del partido político en turno, aunque en un estilo muy mexicano, el hererado por décadas y décadas del sistema priista.
Es decir, en este sistema de debilidad institucional, donde los políticos no gozan la confianza ciudadana, donde los partidos políticos son extensiones del gobierno, donde el clientelismo es un recurso necesario para mantener una opinión favorable, “mostrar el músculo” es utilizar los recursos para mostrar su control.
¿O de qué otra manera llenan plazas, recintos o espacios para su foto (ahora selfie) de político exitoso?
¿O de qué otra manera, aunque se lea grotesco, un partido político mantiene el poder?
Y pese a que esta tradición es priista, ha sido tomada por los nuevos gobiernos, salvo sus honrosas excepciones, y Tamaulipas no fue una.
El panismo opositor en el estado criticó el abuso del poder de los gobiernos para ganar elecciones. Antes desde el Senado, Cabeza de Vaca lo hizo efusivo, constante; ahora, al estilo clásico, el gobierno de Cabeza de Vaca “mostró el músculo”, y con ello, Tamaulipas no fue de los estados donde la oleada pejista no arrasó, contuvo el embate nacional y se repartió su geografía política.
Incluso hay grandes triunfos: por ejemplo, la recuperación de dos municipios torales como Tampico o la capital del estado, Ciudad Victoria.
Sin embargo, hay graves derrotas: por supuesto, la tambaleante senaduría que hasta ayer, el cómputo da a Morena, venciendo al hermano del gobernador, Ismael García Cabeza de Vaca.
Otro es el municipio de Madero, donde ni el poder del Estado y ni la enorme popularidad del alcalde Andrés Zorrilla pudieron con el efecto Morena aunque, si me preguntan, hay otros factores que influyeron, decisiones egocéntricas como la necedad de segmentar Madero de Tampico, el elitismo burocrático e identitario del gobierno ante la ciudad, o el burdo bloqueo a la candidatura de Adrián Oseguera. Pero nadie me preguntó.
Sigue la impugnación, resultados finales, y luego la reflexión.
Y así fue en el país.
Dejo la mía para los gobernantes, del partido que sean, y recordando la grotesca de Fidel Herrera: parece que por fin, no todo depende de “la plenitud del pinche poder”. Eso espero.

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