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Lunes , 20.08.2018 / 04:45 Hoy

El desmenuzadero

La bonita Playa Miramar y la cara de Tamaulipas

Erik Vargas

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Playa Miramar está chida. Olvide usted, amigo, quiénes se la andan peleando, sino qué significa.

Durante años, casi una década, el estado anímico de Tamaulipas se midió de muchas maneras: desapariciones, asesinatos, extorsiones, historias trágicas y por los rostros de Miramar.

La costa de la Zona Conurbada, del mal llamado sólido sur, fue un indicador preciso de la realidad de un estado asolado por dos carteles y un montón de delincuentes aprovechándose del miedo colectivo, aunado a pésimos gobernantes y corrupción y más corrupción.

Y así, el narco y la impunidad se convirtieron en el referente de Tamaulipas, y bueno, aún lo es.

Fue entonces que la prosperidad del estado se reflejó en avenidas llenas de autos y caras sonrientes o solo de arena, en los desfiguros y bailes juveniles o los memes del solitario ‘playazo’, en esas panorámicas de la costa en Semana Santa, repleta de colores o de nostalgia.

Algunos políticos en busca de no cargar con una culpa que no era propia sino colectiva, ‘inflaban’ la cifras de asistencia tratando de enamorar a la opinión pública, pero la realidad era palpable: el turismo tenía miedo a venir a Tamaulipas, su gente tenía miedo de salir en su Tamaulipas.

Pero parece que esa crisis se ha ido desvaneciendo, quedando en un segundo plano, y el turismo vuelve poco a poco.

Ya hay caras felices, de familias y empresarios, las coloridas fotos, autos, poquitos extranjeros, ¡mucha basura!

Y sí, las autoridades siguen inflando la cifras y ahí hay un problema, porque la realidad se asoma sobre la imagen pública: hay más ladrones que policías, hay más grúas levantando autos que patrullas viales, las carreteras que conectan al centro del país con esta zona están de la fregada, y la amenaza criminal solo está escondida.

Y sobre todo, el norte del estado sigue siendo violento.

Eso es algo que se debe asumir, para que nadie se crea fantasías, pero sobre todo para que se pueda resolver.

Pese a ello, Miramar se convierte nuevamente en una imagen que da esperanza a una región a la que se le iban las inversiones y la gente, a la que le siguen faltando inteligencia urbana y un poco de cultura civil, pero que le sobra esperanza.

¿Hasta cuando?

Hace varios años escribí sobre la pobre oferta gastronómica en el Centro Histórico de Tampico, y nuestro compañero Jesús García retoma el tema.

¿Nadie le va a apostar en ello?

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