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Martes , 25.09.2018 / 17:03 Hoy

El desmenuzadero

La activista que gritó en un lugar sin eco

Erik Vargas

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Por naturaleza, en un lugar vacío y huecos del planeta tierra, se debería producir el efecto del eco, reflejar el sonido.

En Tamaulipas no ha pasado eso.

Desde hace casi una década, el crimen organizado tomó el control, el poder en el estado, primero de manera subliminal, luego a vista, con confianza y lo amoldó de tal manera que se perdió cualquier eco de la tragedia, se hizo una especie de vacío, un hoyo en los pantalones de la justicia.

La violencia y los actos ilícitos se convirtieron, gracias a los gobiernos cómplices (o inútiles, que al final los hace cómplices), en “hechos aislados”, “enfrentamientos entre bandas criminales” hasta situaciones que no afectaban a la ciudadanía porque eran cosas entre ellos (criminales), algo así como el “no es personal, son negocios” que citó Mario Puzo en The Godfather. Y además, con responsabilidad ciudadana porque no denuncia.

Y luego de las jornadas violentas, el drama, la tragedia y el miedo, tanto el sistema como el crimen organizado tienen de su lado la apatía ciudadana y su memoria corta… y por supuesto, su sentido del humor. ¿O no somos con gracia Mataulipas o Tatatatamaulipas?

Y así pasó una década de crímenes increíbles, y la película de Don Alejo o Tampico en Breaking Bad, de Tamaulipas sinónimo de violencia.

¿Y el eco? ¿La tragedia está destinada a ser un chiste de stand up? ¿Una cualidad cultural?

La muerte de la activista Miriam Rodríguez demuestra que no hay eco, ella gritó, reclamó, argumentó, pidió seguridad, y recibió un balazo. ¿Nadie la escuchó? Ni gobierno, ni ciudadanía, porque ser sordos es cómodo.

¿Cuánto debieron gritar los 72 migrantes de San Fernando, para que lo haya escuchado el mundo, pero sin eco en México?

El gobierno de Cabeza de Vaca reacciona a los hechos, clama, señala, provoca, revisa los penales que antes le pidieron que revisaran, pero no anticipó nada, no ha podido contener la vorágine, y tampoco puede garantizar la confianza de su gente.

Pero la una muerta y su familia ya tienen segueidas

Está cabrón, nos reímos de la muerte, mentamos nuestras madres, hacemos gracia de desgracia, pero hay cosas que pierden el sentido del humor, desperdician tiempo y el esfuerzo, y alimentan la impotencia.

¿Qué tanto hay que gritar?

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