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El desmenuzadero

El potencial del Carpintero, sí, pero huele a...

Erik Vargas

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Anoche pude estar un rato en el entorno de la laguna del Carpintero como hacía tiempo no, su belleza postal es increíble pero no respires profundo.
Pensar en el aprovechamiento sano de este espacio, como otros de la riqueza natural del sur, visualiza su potencial infinito (quiero creer) para la madurez de esta ciudad.
Pero no ha sido así.
Mientras llega la inversión prometida refinería Madero (Sí, es de Ciudad Madero no de Tampico), la Zona Conurbada parece intentar vivir del turismo, una vocación potencial en la que no termina de madurarse debido a un rezago sociocultural, también quizá, indirectamente, qué se yo, a la falta de ‘goberts’ tamaulipecos de esta zona que apapachen bien al blandito sur.
Hay un Centro Histórico de Tampico a medio rescatar de poca oferta gastronómica para el turismo (porfa, no se ofendan) y contaminado de la anarquía del transporte público y la anti ingeniería vial, se resta atractivo.
Y el de Madero, pues…
Es entonces, como puede ver amigo, el atractivo natural el principal motor de la economía de la zona: playa Miramar, laguna del Carpintero, Champayán.
Que se haya anunciado un rescate, por ejemplo, de la laguna del Carpintero, suena positivo, aunque por lo recursos que se buscan, la retórica y las malas experiencias, también se apetece dudoso.
Esta laguna, afeada por los tampiqueños y su basura, por las autoridades con la caca del sistema de drenajes, de mangle talado, es una oportunidad importantísima si se acompaña de un proyecto turístico y cultural; no es solo licitar obras, que parece ser lo más importante de los que llegan babeantes a las presidencias municipales.
Mantener actividad en estos sitios, al igual que como se ha hecho en el centro, obligarán a que desde el estado y la federación, se cumpla con la otra necesidad que es la seguridad, lo cual sigue siendo una debilidad para la inversión privada, y mientras esa no llega, la pública será un caudal de la manipulación política.
Aunado a ello, se cumple con la parte ecológica de una zona privilegiada por la naturaleza.
Ojalá, dentro del bondadoso corazón de los nuevos alcaldes, separados al nacer electoralmente, se pueda proyectar el respeto a estos espacios, y no se vean como los sitios perfectos para proyectar cosas, para dejar marcas o para lo que sea.
Sustentabilidad, oigan.

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