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Miércoles , 14.11.2018 / 10:10 Hoy

El desmenuzadero

El día después de mañana

Erik Vargas

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“Chairo” es la palabra despectiva con la cual se identifica ahora a los seguidores de Andrés Manuel López Obrador. Antes fueron ‘pejezombies’, una alusión a la supuesta ignorancia de quienes siguen al tabasqueño.
Si bien ambos adjetivos nacieron para señalar a los que caen en el fanatismo casi religioso, el término últimamente se expande hacia cualquier seguidor del candidato presidencial de Morena.
No es anormal que en este país quienes están en contra de alguna corriente ideológica, incluso en cosas nimias como el gusto por algo, se generen adjetivos que descalifican esa afinidad (feminazis, intelectualoides, buchones, entre otros términos).
Menos lo es que cualquier tema sociocultural, como escribí antes, generen divisiones infames de acuerdo a las autodenominaciones de intelectualidad o “naquez”, haciendo del país dos Méxicos, el que sí sabe porque no le gusta tal cosa y el ignorante, el que es inteligente porque piensa “así” y los otros, incluso, el que piensa negativo porque “no es pendejo” y los demás.
Al fin y al cabo el mexicano se educa bajo la ley del más chingón.
Es en este punto en que importa el día después de mañana, porque México está a punto de sufrir una transformación del modelo neoliberal, una sacudida profunda al sistema... o de no tenerla.
¿Qué pasa si es el día de los “chairos”?
¿Qué pasa si permanece el PRI y “el sistema”?
¿Qué pasa si regresa el PAN, o lo que queda de él?
En los segundos dos casos, la resistencia del pejismo ha sido amenazante, directa, “de tigres y diablos sueltos”. Pero también es preocupante el primero, aunque más por un término social que por una político.
No veo a PRI y PAN haciendo defensas, y evidentemente tampoco al poder empresarial promoviéndolas como advirtieron en un inicio, de echo el sector del dinero ya hizo los acercamientos con Amlo ante la posibilidad, quitándose de la barrera de conciencia.
En el caso del PAN, se ha evidenciado un rompimiento entre Anaya y los gobernadores que preparan un frente conciliatorio, pero sobre todo para asaltar al desmembrado partido de derecha.
¿Pero las afrentas de seguidores, de culpas anticipadas y reproches a futuro, de amistades que se denostan?
No a un México dividido en dos, eso no le conviene a nadie, menos adjetivos.

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