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Lunes , 10.12.2018 / 01:35 Hoy

El desmenuzadero

Arcoiris vs. homofobia

Erik Vargas

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Las calles de varias ciudades tuvieron colores de arcoíris.

Con su nuevo derecho constitucional en una mano y su bandera de lucha en la otra salieron a las calles y enfrentaron una más encarnada homofobia.

Unos tomados de la mano, otros bailando, allá otros más vistosos. Algunos exhibicionistas.

“¿Y tienen que encuerarse?”, dice alguien en la red.

Muchos madrugaron y quizá no trasnocharon. Antes de salir de casa piensan, “está valiendo la pena”.

Hay ciudades donde no hubo marcha, pero algunos saludan “qué onda güey” con una sonrisa diferente, lo asumen en su face de filtro multicolor y ahí donde pulula “no hay que ser negro para luchar contra el racismo”.

En el intimismo de los no LGTB todo es diferente, la pasión vence la reflexión y luego polarizan las redes sociales y las calles. El odio. La discriminación. Les gritan desde el auto, desde el barandal, del ‘micro’.

Pero eso no importa y ayer menos, quien tiene que reconocer sus derechos ya lo hizo y a lo que sigue. La Constitución ya los porta. Con ese sentimiento sabor a victoria claman a los 29 estados que faltan, que asuman lo que pide la Constitución: el matrimonio igualitario y sus derechos civiles, y mientras eso pase, pues cobijados en los amparos.

Ya no es una batalla sobre lo que digan los conservadores y ultraconservadores, que no entienden que ya no es una tendencia.

O los promotores del modelo familiar que parece que falló como núcleo social gestor del padre golpeador, la mujer sumisa, la familia ajena, al machismo y la infidelidad.

El mensaje en muchos hijos de que la familia no es modelo funcional. Un núcleo que según INEGI se refleja en el alza de divorcios.

Pero eso qué, su lucha no habla de moralidad, habla de derechos humanos, de igualdad y equidad, incluso de amor, todos devaluados por una sociedad cada vez más dispersa e insensible, más individualista.

Contra las patadas y reclamos, este año varios estados aprobarán la modificación en sus leyes civiles y aumentarán la controversia, aún así, es decisión irreversible.

Es la aceptación de los derechos gay un fenómeno global inaplazable e inapelable. Ahí está EU.

La decisión del SCJN para desetiquetar al matrimonio de la unión entre hombre y mujer, es un cambio de la sociedad que no se puede esquivar, por hablar, insisto, de derechos civiles, y quien pudiera atentar contra ello, tendría que asumir el riesgo sin querer o queriendo, de entrar en terreno de la discriminación.

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