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Martes , 17.07.2018 / 15:22 Hoy

Columna de Erasmo Sáenz Carrete

Nuestra casa, la Tierra, está en graves problemas

Erasmo Sáenz Carrete

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El papa Francisco no deja de sorprender, particularmente por su reciente Encíclica Carta (Laudato si’) sobre el cuidado de la casa común, con fecha de elaboración de 24 de mayo de 2015. En el historial de la Iglesia católica no había un documento tan explícito en la perspectiva de protección al medio ambiente. El texto hace referencia al un patriarca ortodoxo Bartolomé. El mismo Papa, en este extraordinario documento, evoca a algunos de sus predecesores en esta temática, Juan Pablo II y Paulo VI. Pero el contexto actual del desequilibrio del medio ambiente, que se constata en todos los rincones de la Tierra por lo errático de los ciclos de lluvia, sequías prolongadas en Brasil y en California (EU), los huracanes más violentos, el aumento de la temperatura; de hecho, mayo pasado fue el mes más caluroso desde que se inició la medición de la temperatura.

Varios análisis iban en una dirección semejante desde aquel grito de alarma del Club de Roma en 1972, en el que se pregonaba ya los límites al crecimiento.

Iván Illich en su Cidoc (Centro Intercultural de Documentación) iba en una dirección semejante con su análisis pionero. El ex vicepresidente de Estados Unidos Albert Gore inició una cruzada intelectual, con su obra y sus conferencias sobre la Inoportuna Verdad. Un grupo pluridisciplinario y mundial aportó elementos más globales y extensos para ratificar que el calentamiento de la Tierra estaba ligado a la actividad del hombre. Desde la perspectiva de la Teología de la Liberación, Leonardo Boff se adelantó a una interpretación afín con su obra "Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres".

Evocando a Francisco de Asís, de quien tomó el nombre Francisco, cuyas acciones en el Vaticano pretenden redireccionar el papado y la Iglesia católica en la opción por los pobres, y por ello esta analogía:

“Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”, y nos conmina porque:

“Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla.”

Los recientes precedentes fueron los distintos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático en su Cuarto Informe de Evaluación (subrayados nuestros), que dicho sea de paso también logró otro Premio Nobel de la Paz.

Aunque Copenhague fue el inicio de un largo proceso, la reunión que tuvo lugar en Cancún en 2010 adelantó ciertamente la agenda internacional. La primera constatación fue que “el calentamiento del sistema climático es inequívoco, y que el aumento de la temperatura media mundial desde mediados del siglo XX se debe muy probablemente en su mayor parte al incremento observado en las concentraciones antropógenas de gases de efecto invernadero, como señaló el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático en su Cuarto Informe de Evaluación” (subrayados nuestros).

El otro elemento fundamental fue que para llegar a detener el calentamiento global “se requieren fuertes reducciones de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, a la luz de la ciencia y de la información recogida en el Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, con vistas a reducir esas emisiones de modo que el aumento de la temperatura media mundial respecto a los niveles preindustriales se mantenga por debajo de 2 grados centígrados, y que las partes deberían adoptar medidas urgentes para alcanzar este objetivo a largo plazo, de conformidad con la ciencia y sobre la base de la equidad” (Unfccc, Informe de la Conferencia de las Partes sobre su 16 período de sesiones, celebrado en Cancún del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2010, FCCC/CP/2010/7/Add.1. I, 3 y 4). Hay voces que señalan que, incluso si se lograra este objetivo, habría lugares donde la restauración de los ecosistemas tomaría varias décadas o incluso un milenio (Warming World, impacts by degree, The National Academy of Sciences, Washington, D.C., 2011, p. 3). Este sería, por ejemplo, el caso de Groenlandia, región que experimenta un aumento descomunal de temperatura, por encima de 3 grados. De hecho es el Ártico una de las regiones que experimenta en mayor medida los efectos de la elevación de la temperatura, mayor que en las regiones templadas y tropicales. Se instituyó, entre otras medidas, el Fondo Verde para el Clima.

En suma “todas las mujeres, los jóvenes y los hombres de buena voluntad en el mundo entero estamos llamados a cuidar nuestra casa, la Tierra, y revertir el cochinero que hemos hecho: la Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” (párrafo 21).

A finales de año habrá una gran conferencia mundial en París para darle forma completa a lo que se inició en Copenhague en 2009 y continuó en Durban, Berlín y Cancún. El objetivo es construir un andamiaje internacional para hacer frente al calentamiento del planeta Tierra. Todos, pues, estamos concernidos. El papa Francisco menciona tres referencias bibliográficas de América Latina.

Por último, el Papa pone el dedo en la llaga sobre el problema del agua:

“En algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”.

Cualquier situación parecida a México es una simple coincidencia (párrafo 30 subrayado por el Papa).

*Académico de la UAM.

Email: scea@xanum.uam.mx

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