• Regístrate
Estás leyendo: Sobre una cualidad apreciable
Comparte esta noticia
Miércoles , 12.12.2018 / 09:27 Hoy

Sobre una cualidad apreciable

Publicidad
Publicidad

En esa zona del espíritu vive la experiencia milenaria de la especie, vive el sentido del hombre, se forman los deseos y las fuerzas impulsoras de la dinámica vital. Allí se establece el vínculo real con el mundo a través de la única vía libre que lleva al universo todo. En esa zona se gesta el milagro, nace la excepción.
Aldo Pellegrini

Hoy en día se consolida una crisis de la inteligencia alrededor del mundo que parece haber estado escondida, adoptando la forma o el sentido de la sumisión; podría incluso hablarse de un pánico que sustituye a la seguridad o las certezas imposibilitando el obrar racionalmente. No deberíamos eludirla. Los conceptos morales y éticos que están ligados a ella son un tema crucial que para algunos va “pasando de moda”, siendo fundamentales. Nuestra misión consiste en dar pasos firmes hacia concepciones que sirvan de sostén a lo verdadero, importante y sabio. Sin embargo, ¿qué noción habría que tener de inteligencia cuando de pronto la misma razón está en aparente decadencia? Difícilmente puede concluirse con modestas argumentaciones sin citar o dar mil ejemplos.

No tengo ninguna intención de discutir sobre psicología, pero resulta primordial poner atención a dicha ciencia porque hace distinciones entre sensación, voluntad, sentimiento, etcétera, y estamos malacostumbrados a menospreciar la importancia de distinguir estos conceptos básicos.

Existe una independencia de la actividad razonadora, cierto, pues lo que pertenece a la razón depende de la calidad personal y a ello añadimos la experiencia práctica y espiritual de cada individuo. Sin embargo, nada debería impedir trasladar el juicio y la acción, con el ejemplo y con la crítica, a cualquier campo de nuestra cotidianidad. Así, la inteligencia devendría un instrumento de lucha en favor de una condición humana reflexiva, que no cede a la inconsciencia, rompiendo ataduras, dejando de rehuir peligros, tratando asuntos subversivos.

Últimamente suelo encontrarme con las más variadas aberraciones intelectuales, frente a las que inclusive cierta inteligencia que hasta la fecha resultaba indemne queda limitada, obstaculizada y confusa, dejando al lenguaje con poco margen de maniobra. La inteligencia honrada es difícil de cultivar, hay que nutrirla de imágenes y palabras que se alejen de la torpeza. Las cosas banales, en cambio, quedan fijadas en la mente por su frecuente repetición. Con mayor frecuencia los intelectuales son vagos e imprecisos al comunicar, especialmente frente a nuevas experiencias, pero, como compensación, se atienen a lo que solo puede aprehenderse. Robert Musil, quien inspira estas aseveraciones, concluye un texto del mismo modo en que cierro yo este: “¡Actúa bien, cuando puedas, y mal, cuando debas, y, entretanto, ten conciencia de los límites de error de tu obrar!”.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.