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Jueves , 18.10.2018 / 10:08 Hoy

Igitur

Restituir un tema

Erandi Cerbón Gómez

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La definición de Feminismo según la Real Academia Española es: “Ideología que define que las mujeres deben tener las mismas oportunidades que los hombres”, una noción radical de exponerse como “un ser humano”. El problema surge al dar un significado, pues implica reconocer que hay una desventaja en cuanto a género. La escritora y periodista Gloria Steinem no reconoce, por ejemplo, que el hombre es una necesidad, en el modo natural del devenir histórico y biológico más elemental. Ahora no puede sostenerse lo mismo que solía presumirse en aquel entonces y con razón. En términos evolutivos ha sido una cuestión comprobada.

“Ha llegado la hora de levantar el tabú de la muerte y afrontar con lucidez la finitud humana”, comenta Salvador Pániker en una de sus últimas columnas publicadas en El País a propósito de la eutanasia, un tema que en este momento no parece aquejar ya tanto el imaginario colectivo pero que, sin embargo, la conciencia con que lo elabora invita a confrontarse con otras ideas. Hay una polémica popular que se ha desatado, donde la actitud de quienes la debaten recorre desde las aulas en el ambiente académico hasta las calles que todos transitamos: “la violencia de género”, que por más que pretendan clasificarla, no distingue entre “hombre” y “mujer”.

Los agravios son agravios. Los abusos, a pesar de “consensuarse”, son abusos. “Cuánto tiempo será posible sostener la mirada de una chica que pide llorando no nacer más”, escribe una poeta emergente, no a manera de pregunta, y ese sello que le imprime queriendo evidenciar el sufrimiento resulta ya muy frecuente encontrarlo en casi cualquier prosa allegada al asunto. Si hacemos un inventario fáctico de los que denuncian una serie de situaciones que hoy son bastante evidenciadas, sería inacabable. Como escribe el filósofo Tzvetan Todorov: “La memoria tiene una potencia que la historia nunca alcanza”.

En aquellos que crecieron bajo un régimen de constante fricción, la impunidad tras la agresión no es un algo que deba discutirse o castigarse, pero aquellos que advierten un contraste entre el canon experimentan una fuerte indignación que puede manifestarse inclusive de modo que parece forzado, en lugar de auténtico.

Una dosis de nihilismo conviene para comprender el periodo en que vivimos, pero poco basta con ello. Fundamentar utilizando la razón, sí, y que no converse con la fantasía; aunque atendamos a nuestra lógica desde un punto de vista social, “un tema busca un tema. Para no acabar. Para sobrevivir. ¿Sobrevivir? Decidme, ¿quién o qué sobrevive? –volver al tema”, explica la poeta y filósofa española Chantal Maillard; lo que no logra resolverse parece tener vida eterna, pues época tras época cavilamos las mismas cuestiones.

Hay demasiado por hacer, perderse entre dilaciones en nada contribuye propositivamente. Lo que difiere no son los hechos, sino la manera de expresarlos, primero debemos crear un lenguaje común; solo cuando la idea es trasmitida de modo comprensible, se vuelve una obligación recordar que las cosas suceden o aún mejor, no ignorar que pasan.

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