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Igitur

La voz a otros debida

Erandi Cerbón Gómez

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Los textos de Simon Critchley (Reino Unido, 1960) fueron durante el último año una revelación en el sentido estricto de la palabra que significa descubrimiento. Con Apuntes sobre el suicidio vale la pena llevar a cabo el intento de replantearse algunos fragmentos pensando la vida como una decisión, al igual que lo es quitársela; de este sustrato sí puede lograrse un replanteamiento, una paráfrasis que al modificar la prosa sin cambiar el sentido modifique el contexto. Los siguientes puntos tratan de continuarse en una secuencia lógica hacia comprenderlo, utilizando otros autores a la par citados en el libro. Así es efectivo sacar conclusiones asegurando que tendrán valor aparte de lo que ha sido ya impuesto e inculcado con ambigüedad sobre temas tan concretos que solo provoca agravar la aparente absurdidad de ellos.

I. Hume debería haber sostenido que la vida antes que la muerte queda exenta de toda imputación de culpa o reproche al llevarla a cabo.

II. Cuando Spinoza comienza su ética, la disyuntiva entre dios o la naturaleza puede erradicarse bajo la visión reduccionista de que la libertad implica también no tener que decidir.

III. Flaubert queda seducido por la idea de Dios que constituye la última visión de San Antonio, como materia, pero Dios no es un “objeto”.

IV. Por definición, el temor a la vida no puede basarse en la experiencia porque nadie experimenta otras muertes.

V. La práctica filosófica que comienza con el suicidio de Sócrates sostiene que filosofar consiste en aprender a morir y sin embargo son incontables sus historias acerca de la inmortalidad del espíritu: una prolongación de carácter espiritual que nos mantiene con vida no en cuerpo pero en alma.

VI. Blanchot describe al suicida como un personaje empeñado en el absurdo de abandonar la existencia. ¿A santo de qué una decisión irracional cobra racionalidad?

VII. Epicuro concluye que es tan poco lo que sabemos de la muerte que en lugar de apresurarla parece mejor idea simplemente seguir viviendo, puesto que llegará sola.

Nada constituye propiamente una limitación de manera estricta sino al contrario, parece una condición al ser humano la relación que mantenemos con determinada visión moral y un poco boba. Apreciamos la belleza de lo vivo, aunque sea difícil de aceptar por su carácter perecedero, porque siempre habrá belleza. Deberíamos abstenernos de juicios mojigatos. "(...) y después de escupir en sus ojos (Jesús) y de poner las manos sobre él, le preguntó al ciego: ¿Ves algo? Y levantando la vista, dijo: Veo a los hombres, pero los veo como árboles que caminan". Según la Biblia (como referencia universal no por devoción) ¿por qué Jesús fallaría y necesitaría reintentar el milagro? No es una cuestión bíblica, más allá de la sacralización del pasaje, el hecho es contundente: no hay múltiples destinos, ni realidades posibles bifurcándose, el hombre falla. De aquí la importancia de una línea de pensamiento hasta su conclusión correcta, cuando menos lógica.

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