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Domingo , 23.09.2018 / 04:34 Hoy

Igitur

Contracorriente

Erandi Cerbón Gómez

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Quisiéramos suponer que no se trata del colapso moral progresivo y casi completo de la sociedad industrial desde la Segunda Guerra Mundial, en que muchos ciudadanos abandonan la carga de pensar por sí mismos, a favor de lo que George Orwell describió como el ritmo de tamtam de un tribalismo de nuestro tiempo.

Irónico que en el país del nacionalsocialismo, donde la sombra del totalitarismo obnubiló juicios y extinguió millones de vidas que por suerte volvieron a encenderse gracias a la memoria, se dé el gobernante que mayor esperanza da a Europa y al Mundo: Angela Merkel. Había que verla hace unos días con Obama, en Berlín, frente a la simbólica Puerta de Brandeburgo, rodeados de jóvenes, hablando del futuro, de la tolerancia y de otros valores democráticos, mientras que a unos 700 km, en Bruselas, Trump increpaba a sus “aliados” por gastar poco en armamento y defensa. Sin Alemania, Europa difícilmente sería tan imponente autoridad y la sociedad estaría aún más apática.

Obviamente existen diferencias entre “conservadores/republicanos” y “liberales/demócratas”, sin embargo ambas retóricas expresan una visión del mundo a veces extremada y otras empobrecida, garantizando al statu quo mantener el poder.

Detrás de las manipulaciones por parte de los mandatarios, quienes limitan sus obligaciones y permiten que cosas atroces sucedan, estamos nosotros haciendo lo que podemos, ideando maniobras de supervivencia moral para conservar el buen juicio.

Chesterton dijo que había visto la verdad y no tenía sentido. ¡Saber! ¿Quién quiere saber algo de todo esto? Sin embargo necesitamos informar, en un alegato a favor de la independencia personal, de la libertad y de la tolerancia, que supone una afirmación de los valores humanistas a nivel universal. Por otro lado, cuando a Siddartha le preguntaron qué era, si un ángel, un profeta o un dios, él contestó a la gente: “Solo soy un hombre despierto”. Supe, al leerlo, que esa era una vocación. De ahí que son admirables aquellos que vuelven de su vocación un oficio ético, esmerándose por cultivar lúcidas ideas, aceptando que la historia sucede sin soltar un puñado de principios.

¿Qué es escribir, sino una estrategia adaptativa? Evitando perder así la libertad espiritual descrita magistralmente por Dostoievski en Los hermanos Karamazov. La literatura enseña algo indiscutible: la realidad hoy está armada hasta tal punto que ya no puede regir algún Cedant arma togae (“que las armas cedan a la toga”), y uno debe acostumbrarse a otra versión: Inter arma enim silent leges (“en tiempos de guerra las leyes caen en el silencio”).

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