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Igitur

Anecdótico y sincero, pero ¿de buen gusto?

Erandi Cerbón Gómez

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Conocí el trabajo de Luna Miguel buscando en la web información sobre Sharon Olds (EU, 1942), de quien recientemente adquirí Stag’s Leaps, que le mereció un Premio Pulitzer. Aparece un post suyo dando datos curiosos acerca del vino que le otorga título al poemario.

Reparando en su juventud, quedé intrigada y como en cualquier caso que se indaga, uno saca breves conclusiones de impresiones particulares que desembocan en reflexiones de amplio espectro: ha publicado en fecha reciente El funeral de Lolita, cuyo vocabulario deja entrever que la nueva juventud tiene mucha pobreza, aunque sea heredera de grandes maestros sintácticos y que las temáticas son de interés común porque suelen ser corrientes o esnobistas. Sin embargo, injustamente descalificamos esta manera de hacer literatura porque a pesar de cualquier carencia, cuando menos promueva la lectura, adorna la sociedad.

Más de un escritor, aun Olds misma, ha demostrado lo innecesario de los artificios en caso de tener algo legítimo que escribir. El problema con los autores emergentes subyace en que pretenden nombrarse escritores antes de haber tan siquiera rigurosamente escrito. ¿Agotan su encanto en lírica fatigosa?

La buena literatura está constituida por la voluntad de producir, pero no lo que sea. El reconocimiento llega con la obra, con el tiempo, con la calidad y hasta después es adquirido el título; mientras, solo tenemos un nombre, el nuestro. Las vanguardias no deben improvisarse, son una construcción visionaria apoyada en lo mejor de otras épocas.

Es absurdo actuar como si no hubiera guiones, que implica ignorar el discurso literario de tantos. ¿Por qué temer el uso de recursos ya dados? Hay historias que contar porque tenemos memoria. Hambrientos de autenticidad, llevamos a cabo una recapitulación de los disparates que en pos de marcar hitos resultan simples atracciones, porque con cuanta sorpresa traiga consigo, la innovación aportará dosis de desengaño.

Utilizar lo que existe en la medida de poder transformarlo, no significa falta de originalidad, sino dar reconocimiento; quizás todo ya haya sido dicho pero aún falta contarse distinto. El pretencioso nunca da tregua, pero en lo venidero, quizá no falte de criterio. Una aspiración difícil de abandonar.

“Muchas veces me preguntan dónde se forman mis poemas (…) Cuando escribo no tengo la menor idea de lo que estoy haciendo. Cuando los jóvenes poetas me piden consejo siempre les digo lo mismo, que lleven una vida sana, porque el lugar del que procede la poesía es un lugar sano”, declaró Olds a El País. Queremos poesía “saludable”.

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