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Miércoles , 12.12.2018 / 13:05 Hoy

Igitur

¿A dónde vamos?

Erandi Cerbón Gómez

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Los críticos son como los eunucos en un harem:
teóricamente saben cuál es la mejor manera
de hacer las cosas, pero no consiguen ir más allá
Brendan Behan

Uno no siempre escribe pensando que dirá algo nuevo, sino que quizás reiterará alguna verdad ya dicha de otra manera. Al acatar un discurso muchas veces lo estamos asumiendo solo para cambiar la perspectiva desde su epicentro. Nunca me he encontrado con una crítica inútil (aunque sí poco sutil) que no enriquezca el imaginario; el futuro del escritor depende de la actitud que adopte ante los elogios o las blasfemias. Hay que comprender que el crítico (quien dispone de puntos de vista) y el criticado (quien construye el texto, elige el tono, el escenario, inventa personajes, propone sus encuentros, les dicta los impulsos) tienen cada uno su estilo propio de articular lo que consideran.

A escribir desde dentro (sin enajenarse) dando cuenta de lo que hay afuera, uno solo lo aprende escribiendo, por ejemplo, historias cotidianas de amor, derrelictos de batallas consumadas que nutren de íntima quietud o sobre cosas aisladas, contiguas, yuxtapuestas, extravagantes, impredecibles; porque la vida, en esencia, es puro contraste. Irónicamente, parece que los periodos de verdades profundas han dado paso a otros de desasosiego y superficialidad.

Tanto consagrados autores como los poco conocidos son dignos de admiración, al conseguir expresarse ya sea socorrona, alambicada, poética o directamente. Salvar la idea traducida mediante un complejo sistema de signos y guarismos en palabras, más allá de que sean sintácticamente correctas, es lo primordial. Borges insistió en que la suerte de un libro depende por igual del contenido que de la manera en que lo lean.

Quiero dejar constancia de que agradezco a aquellos que, dejando sus preciosas huellas, evitan que descarte lo que buenamente puedo dar, enviándolo lejos o cerca del asteroide que el Principito abandonó. Y a los demás, poco complacidos, espero que aprendan a leer entre líneas y logren desentrañar el sentido oculto detrás de cada palabra; sin embargo, les recuerdo que siempre resulta más fácil juzgar al que hace, que hacer.

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