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Martes , 16.10.2018 / 18:59 Hoy

Igitur

2017-09-06

Erandi Cerbón Gómez

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“¿Existe un hambre que no sea el indicio de un hambre generalizada? Por hambre yo entiendo esa falta espantosa del ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo… El hambre es deseo. Es un deseo más amplio que el deseo. No es voluntad, que es una forma de fuerza. Tampoco es debilidad, ya que no conoce la pasividad. El hambriento es un ser que busca”.
Amélie Nothomb

¿Qué se puede abrir entre la palabra y el silencio? muchos responderán errados que un mutismo ilimitado. Hay que tener un ojo avizor para lo más pequeño y cotidiano, menester complicado, de ahí que la frivolidad triunfa sobre los irreflexivos. Vivir la vida de alguien más implica morir con su muerte, acto que no entra en las ponderaciones de una persona que presume seriedad y defiende con todas sus fuerzas colocar lo “humano” al servicio del hombre.

La pueril voluntad de resignarse al individualismo está más cerca de significar egoísmo que el asumirse como un individuo con rasgos y necesidades específicas entre la multitud. De esta convicción han surgido prosas y poemas dispersos que conforman una especie de historia personal de la literatura, encarnada entre nosotros por el escritor: en la primavera de 1941, la salud mental de Virginia Woolf entró en barrena conduciéndola a sumergirse entre las aguas del río Ouse cerca de Sussex. Su decisión fatal obedeció a la negativa de soportar antiguos predicamentos. Días antes, regresó a casa con el vestido absolutamente empapado, consecuencia —según dijo ella— de caerse al mismo río. Se le olvidaron las piedras esa ocasión.

Durante aquella época André Breton escribía El amor loco, donde narra el romance con Elisa: “Lo que he amado, sin importar si lo mantengo o no, lo amaré por siempre”, asegura. Posteriormente Anne Carson, abrevaría, mediante la literatura griega, en Autobiografía de rojo, hallazgo, azar y pasión, entendiendo la otredad. Afortunadamente, no todo gira en torno a las relaciones de pareja, la difícil convivencia, la imposibilidad de conocer al prójimo: Neruda intervino en sacar de España a dos mil personas que huían de la Guerra Civil, dirigiéndolas hasta Valparaíso, hecho que le valió ser candidato a la presidencia de Chile. A Elías Castelnuovo su militancia político-cultural lo llevó a viajar por el mundo entero teniendo la oportunidad de contactar y conocer a los grandes intelectuales que superaron las tendencias de vanguardia.

A quienes amen el quehacer intelectual debemos aferrarnos, quienes a fuerza de ser auténticos extranjeros habitan genuinamente cualquier parte porque creen cada día menos en la imposibilidad de sustituir el amor.

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