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Domingo , 27.05.2018 / 11:56 Hoy

Verdad amarga

Un despotismo sin luces: la libertad de expresión en Venezuela

Enrique Sada Sandoval

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“El derecho de expresar pensamientos y opiniones de palabra, por escrito o de cualquier otro modo, es el primero y más inestimable don de la naturaleza.Ni aún la misma ley podrá jamás prohibirlo”.

Simón Bolívar, 1819.


El siglo de las luces, aquél que en su momento precedió la muerte de un viejo mundo, sepultando al absolutismo decadente que había imperado durante varios siglos, preparó la ruta a los más fundamentales preceptos que aún rigen nuestra sociedad contemporánea, señalando incluso el camino que tarde que temprano iniciaría todas nuestras gestas libertarias en América Latina y que harían de nosotros una nación soberana e independiente.

Sin embargo lo que prevalece hoy en Venezuela, haría palidecer por igual a toda esa generación de teóricos, libertadores e ilustrados que podrían no estar de acuerdo con lo que algunos pensaran o expresaran, pero defenderían hasta la muerte su derecho de hacerlo.

Durante el régimen de Hugo Chávez se preparó una nueva ley mordaza contra la prensa crítica. El proyecto, llamado Ley Especial de Delitos Mediáticos, prevé penas de cárcel para aquellos medios que atenten contra “la estabilidad de las instituciones, la paz social o la moral pública”.

Durante su programa de radio, la entonces fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, se juró a sí misma y a la audiencia que redactaría un proyecto para sancionar a aquellas emisoras, televisiones, diarios y páginas web que con sus informaciones “generaran zozobra y pánico entre los ciudadanos”; y cumplió con su amenaza: la fiscal presentó al Parlamento un instrumento legal que permite al régimen sancionar, con penas de seis meses a cuatro años de cárcel, a todo el que a través de los medios de comunicación divulgue informaciones “que generen sensación de impunidad o de inseguridad” entre la población.

De entonces a hoy, todos los ciudadanos, incluyendo la fiscal, son susceptibles de ser penados con esta ley que nos recuerda lo peor del “despotismo ilustrado” del siglo XVIII Lo anterior nos golpea y nos ofende a todos, pero no debería de extrañarnos: si recordamos que los peores totalitarismos ensayados durante el siglo XX se asumían como hijos de la Ilustración y el Siglo de las luces, es natural que un régimen arbitrario para su justificación y realce, se proclame heredero testamentario del ideario de nuestros libertadores para atropellarlos.

El insulto en este caso es que en el nombre de la Libertad misma se usurpen los principios que nos dieron el ser como latinoamericanos para servir al despotismo más hipócrita, que siempre es la peor de todas las tiranías.


enrique.sada@hotmail.com

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