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Sábado , 15.12.2018 / 10:14 Hoy

Verdad amarga

Trilogía de los satanizados: una lectura obligatoria

Enrique Sada Sandoval

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Cuando Roland Barthes analiza la función del mito en la Historia, brinda un análisis brillante y breve, explicándonos su uso por en las sociedades modernas y su fácil asimilación, desde la hegemonía o el poder en turno: 

lo equipara con una mesera que entra a un salón antes que aparezca alguien; acomodando las teteras, las charolas, y las tazas antes que los invitados sean llevados por alguien más a ese sitio; retirándose de inmediato, sin dar tiempo a que los congregados puedan ver que se les está sirviendo, con qué calidad y por parte de quien se dispuso que se les diera lo que tenían en frente. 

En este caso, el mito opera en automático pues ahorra a los presentes la ardua labor de cuestionar o reparar lo que se les ofrece, y sobre todo la fatiga intelectual, instalándoles en una zona de confort donde lo mismo tomarán—ignorantes de la realidad—un café de muy mala calidad o hasta un veneno.

En México, la historiografía oficial, impuesta por la partidocracia “revolucionaria” desde los treintas ha emprendido esta labor innoble en contra de los ciudadanos para moldearlos a su antojo, volviéndoles dóciles y desmemoriados. 

Pocas obras se han escrito en las últimas décadas contrariando este adoctrinamiento en nuestro país—y quienes lo han hecho por desgracia no son mexicanos sino académicos de Duke, Oxford, St. Andrews, Cambridge o la Sorbona—por el miedo que suscita a los nuestros, cómodamente instalados en la “oficialidad” y el presupuesto. 


Sin embargo, uno de las pocas excepciones a esta inercia es la Trilogía de los satanizados (Iturbide, Miramón y Porfirio Díaz) de José Antonio Jiménez Díaz: tres tomos copiosamente documentados que analizan a estas figuras históricas prohibidas burdamente por quienes cobran (y pagan) desde la burocracia. 

Con más de tres ediciones de la misma, Jiménez logra refutar mitos y mentiras con fuentes y razonamientos que dejan mudos y desnudos de argumentación a quienes apuestan por la desmemoria como instrumento de control envilecedor o como apología del crimen. Sin duda una lectura necesaria este 2018 y con nuevo gobierno sobre cómo se debe escribir la Historia: sin adoctrinamiento ni imposturas..

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