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Martes , 17.07.2018 / 01:02 Hoy

Verdad amarga

Mitos olímpicos: Jesse Owens o “El héroe de Berlín”

Enrique Sada Sandoval

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Aprovechando de las Olimpiadas, en Estados Unidos se llevó a cabo una película titulada Race: El Héroe de Berlín sobre el medallista olímpico Jesse Owens y su triunfo.

Mucho se ha escrito sobre la victoria de Owens en las célebres Olimpiadas de 1936, dando origen al mito de que Hitler no le quiso dar la mano tras su triunfo. Pero esto es sólo un mitoque por desgracia reproduce la película.

Hitler sí saludo a Owens y más aún, el mismo narra en su autobiografía publicada en 1970 que el Führer le había rendido homenaje: “Cuando pase frente al Canciller se incorporó, me saludó con la mano y yo le devolví el saludo en la misma forma. Creo que los periodistas mostraron su mal gusto al criticar al hombre del momento en Alemania”.

Por desgracia, los historiadores acomodaticios han vendido que se indignó por el triunfo del norteamericano cuando no es cierto. De hecho, el triunfo de Owens no va ni siquiera en contra de la doctrina racista de Hitler, quien siempre dijo que cada raza tenía sus cualidades (Hitler ponderaba incluso las cualidades físicas de los atletas negros); tanto así que el alemán Lutz Long, su rival y amigo, le dio valiosos consejos para la prueba de salto largo, gracias a los que Owens, derrotando a Long, obtuvo la medalla de oro. Por ese gesto, Long recibió la Medalla al espíritu deportivo—máxima distinción olímpica—a título póstumo (murió luchando en Italia).

Jesse Owens se convirtió en un héroe de las olimpiadas; el pueblo germano estaba maravillado con el hombre que venció a los atletas y marcó records mundiales abalanzándose sobre él para pedirle autógrafos a tal extremo que tuvo que cambiarse de hotel constantemente, siendo invitado de honor a grandes banquetes y por las mejores familias de Alemania, terminando con una lesión en el brazo derecho por tantos miles de autógrafos y saludos que dio durante su estancia triunfal.

Quien no se acordó de las victorias de su compatriota, ni envió un telegrama al héroe, ni lo recibió en audiencia en la Casa Blanca como a otros deportistas fue su propio presidente: Franklin Delano Roosevelt.

Contrario a lo que vivió bajo el régimen nazi, Owens volvió a la oscuridad como botones en el Waldorf Astoria donde siguió siendo discriminado, como refiere: “Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias que se inventaron sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús en mi propia tierra. Volví a la puerta de atrás…en la Germania de Hitler fui tratado con más respeto que en mi país”.

En fin, veleidades propias —y por desgracia muy actuales— de la Democracia estadounidense.



enrique.sada@hotmail.com

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