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Jueves , 16.08.2018 / 07:37 Hoy

Verdad amarga

Mexicanización argentina

Enrique Sada Sandoval

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Si hay algo distintivo en la Historia mexicana o en la historia de su administración pública, como una tradición que por sus logros se consagró como un estamento aparte, es el servicio exterior mexicano.

De hecho, no exageramos al decir que si el país logró salvarse de desaparecer por completo a lo largo del siglo antepasado—desde la invasión norteamericana y los muy diversos brindis previos al ominoso “Brindis del Desierto” hasta la piqueta de la “reforma” pseudoliberal—no fue gracias a nuestros políticos ni por el heroísmo de sus militares, sino por la sesuda y honrosa acción de sus diplomáticos, independientemente de su ideología política: con ejemplos de valentía como el de Luís Gonzaga Cuevas, resistiendo las amenazas de invasión del desesperado embajador Forsyth por su negativa a vender o ceder más territorio a los Estados Unidos; o el de Juan Antonio de la Fuente, como ejemplo de dignidad y patriotismo, renunciando al Ministerio por negarse a lo mismo que se negara Cuevas, aún perteneciendo a una facción donde la dignidad y el patriotismo eran virtudes por completo ajenas.

Incluso, tras el “retorno de los brujos” a Los Pinos en el 2012, se aseguraba con bombo y platillo —se presumía dentro y fuera del país— que una de las virtudes intrínsecas del Viejo Régimen, la de contar con una Secretaría de Relaciones Exterior es semi honorable y firme, cuyo prestigio había venido a menos bajo el gobierno de Vicente Fox y Felipe Calderón, volvería a recuperar su brillo a la sombra de Enrique Peña Nieto. Y para sorpresa de muchos, el primer error de Peña Nieto fue nada menos que el repetir uno de los errores de su antecesor, conservando a José Antonio Meade Kuribreña al frente de este Ministerio.

Tristemente célebre por no haber exigido una explicación pública o desagravio al Gobierno de Venezuela cuando el presidente Nicolás Maduro presumió ante los medios internacionales de derribar dos aviones mexicanos en el sexenio anterior, el canciller mexicano compró un pleito que no le correspondía cuando exigió, públicamente, una explicación a la Santa Sede por una carta privada donde el Papa Francisco le pedía al diputado argentino Gustavo Vera, ante la escalada que el narcotráfico ha tenido bajo la dinastía de los Kirchner, que evitara una “mexicanización argentina”; es decir, que el Crimen organizado se convirtiera en el máximo poder de facto en su país.

Sin embargo, el mensaje que se infiere por la actitud de Meade es tan desalentador como preocupante para todos: saber que en México hay algo que no se perdona, y es que se diga la verdad.


enrique.sada@hotmail.com

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