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Viernes , 20.07.2018 / 12:36 Hoy

Verdad amarga

La mentira cobra en el INHERM 2

Enrique Sada Sandoval

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Respecto a la conferencia fallida que abordamos la semana anterior, es preciso subrayar las omisiones dolosas y las mentiras dichas al público aquella noche.

En primer lugar, la ley por la que se asesinó a Maximiliano I de México junto con los generales Mejía y Miramón, según la “doctora” Galeana era la “Ley Degollado”(?), que no existe.

La directora debía de saber que fue la Ley Doblado para empezar.

Por otra parte, dijo que la Constitución de 1857 dejó de operar durante la guerra, lo cual es falso; la Constitución jamás perdió vigencia durante el conflicto. Lo único que se vio acotado fue el ejercicio del poder ejecutivo, legislativo y judicial, invocando Juárez “facultades extraordinarias” para ejercer la dictadura, concentrando el poder absoluto en tanto recibía instrucciones de la Casa Blanca o de sus generales.

Miguel López sí fue un traidor, y no como afirmó la doctora para no restarle brillo a Escobedo, tratando de reivindicarlo por la entrevista que le hizo Ángel Pola, olvidando mencionar—seguramente porque también lo ignora—que Escobedo envió informe a Porfirio Díaz en 1897 sobre la toma de Querétaro, donde anexó un supuesto autógrafo de Maximiliano en que se justificaba de parlamentar con López.

El documento fue descalificado como falso por grafólogos de la Secretaría de Guerra y la Academia de San Carlos, ya que además de que la caligrafía no es la del Emperador, la redacción burda del mismo acusaba la autoría de un chimpancé, como también lo demuestra el brillante análisis hecho por Alejandro Villaseñor sobre ese apócrifo.

Además de que nunca tocó el tema de la conferencia, la citada se centró en la obra Manifiesto justificativo de los castigos nacionales en Querétaro que nunca fue escrito por Juárez, como ella y su único interlocutor decían, sino por el General Refugio I. González. Dicho apócrifo fue hallado en los archivos del Congreso de Nicaragua y refutado como falso por Fernando Iglesias Calderón, hijo del ministro juarista José María Iglesias, hace más de 100 años.

De aquí que aquél monólogo soporífero que pretendía vender como “conferencia”, mezcla de adulaciones mutuas e ignorancia crasa sobre la Historia de México, resulta no solo imperdonable en una académica: también la expone por su incapacidad como investigadora y falta de escrúpulos por su uso de un discurso totalitario y cínico, desde un puesto público.


enrique.sada@hotmail.com

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