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Verdad amarga

Huérfanos… de memoria histórica

Enrique Sada Sandoval

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Bien de todos es sabido que cuando un gobierno o régimen apela al pasado en momentos de crisis, la intención no es estimular el espíritu nacional como refuerzo de sí mismo sino apostarle a su justificación y realce, sobre todo sí su nivel de aceptación está por los suelos. En México, esta tendencia nos remite a los distintos esfuerzos fílmicos emprendidos desde lo que se tenía como una de las peores administraciones públicas desde Luís Echeverría Álvarez—la de Felipe Calderón Hinojosa—financiando producciones históricas cinematográficas y novelísticas de ínfimo nivel: desde “Gritos de muerte y libertad”, “La silla del águila e “Hidalgo”, hasta “Morelos” y “5 de Mayo”, estrenada en 2013. No cabe duda que el que paga manda, aquí y en China, por lo que en este mismo tenor, desde las elecciones del 2012 nos fue tan común como predecible ver programas, publicaciones y hasta revistas comerciales de divulgación histórica decantarse con afán por servir al nuevo amo; ya rescatando del limbo a lo más soporífero de entre el panteón de la Mentira Histórica tradicional, o legitimando incluso la barbarie y el despotismo de un serie de personajes torvos a quienes solo desde el dogmatismo y por dedazo presidencial se podría considerar “virtuosos” o “ejemplares” para consumo de las masas que llegan al absurdo de cuestionar al Gobierno Federal, con sus reformas o en sus políticas públicas, tomando como estandarte a los mismos personajes de cómic impuestos por el régimen al que se combate y que generaron las condiciones de rezago y oprobio que hoy señalan como antipatriotas y criminales. Como caso ejemplo, los defensores del “pensamiento único” han tenido a bien honrar al presente gobierno con otro ejemplo de justificación al proyectar este verano en las salas de cine la película titulada Huérfanos: una oda biográfica en torno a uno de los personajes más controversiales del México decimonónico, como lo fue Melchor Ocampo. El nombre del filme remite al estado de orfandad en que quedó el país tras su independencia de la Madre Patria en 1821, y muy en particular a la ruptura nacional entre partidos políticos tras la imposición del sistema norteamericano, después del parricidio de Padilla en 1824. Y como ejemplo se enaltece la figura de uno de los mexicanos que con sumo desprecio de su identidad, luchó por asimilarse y asimilarnos a los Estados Unidos—ya por la anexión absoluta, parcial, o a través de la absorción cultural como protectorado—contra el espíritu y la voluntad de la nación que aún respiraba por la herida abierta de la invasión de 1847 y la pérdida irremisible del norte en 1848, cuando en 1858 y 1859 éste comprometía el futuro del país(con tal de conseguir el reconocimiento y apoyo de Washington para los de su facción) tras la firma del Protocolo Churchwell-Ocampo y el infame Tratado Mclane-Ocampo que, a final de cuentas, le agenció el oprobio hasta dentro de sus propias filas y la muerte en manos de sus enemigos, fusilado por traición a la Patria. Y esto sucede justamente cuando a través de reformas secundarias se descara y legitima por completo la misma entrega que se hizo a Roosevelt desde 1938; esto es, de nuestra soberanía petrolera.


enrique.sada@hotmail.com

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