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Lunes , 22.10.2018 / 19:06 Hoy

Verdad amarga

El verdadero sismo, ayer y hoy

Enrique Sada Sandoval

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Sacudidos por las inercias del pasado que vuelve tras el terremoto que sacudió a la capital y a varios estados del país, despertamos a una realidad que aún condenada a repetirse cada treinta años, había quedado aletargada en nuestra memoria, haciéndonos olvidar aquellos resortes primarios que son los que mueven al hombre y le dan sentido a la existencia de la humanidad.

En primer lugar, desde el centro del país hubo consciencia no solo de lo frágil que es vivir sobre un castillo de naipes como el valle de México—no obstante que la mayor parte de los recursos y poderes se concentran allá— más allá de aquella visión mezquina que solía desdeñar como provinciano todo aquello que hubiera más allá de Cuautitlán.

Cuando los años de plomo en el norte, donde el crimen organizado aún golpea a ciudades y poblados con impunidad e indiferencia, los capitalinos—sobre todo, las clases altas y privilegiadas—no solían mostrar simpatía alguna por las muertes y desapariciones ocurridas (y que aún ocurren) sobre el resto del cuerpo herido de una Patria rebasada por la corrupción, la delincuencia y la ausencia de la autoridad; más aún, llegaban a manifestar hasta desprecio por lo que ocurría, desde esa zona de confort que ofrece ese leviatán a medio camino entre centralismo travestido de sistema federal.

Sin embargo, la tragedia nos ha hecho mirar y reconocernos como mexicanos desde California hasta Yucatán, pues la ayuda, las manos, las oraciones y las lágrimas fueron regadas copiosamente por el resto del país que amaneció quizá más consciente de su ser histórico y de todo lo que nos une.

Aún y cuando hicieron aparición los buitres y carroñeros políticos, buscando acarrear agua a su molino frente a las elecciones del 2018, ante la ciudadanía pensante quedaron expuestos; mientras nuestras Fuerzas Armadas, que son parte esencial del pueblo, hicieron presencia heroica: reafirmándose como la única institución digna en donde todas las demás instituciones se han deslegitimado a sí mismas.

Otra lección histórica durante esta jornada fue la ausencia de nuestra clase política gobernante, y esto como saldo positivo: demostraron que no los necesitamos y nos recordaron que incluso, solo estorban.


enrique.sada@hotmail.com

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