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Verdad amarga

El fraude del sismo

Enrique Sada Sandoval

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Dentro del teatro de la miseria humana es costumbre ver desfilar desde las mejores intenciones, pavimentando el camino del infierno, hasta a los personajes más vulgares y villanescos. 

Sin embargo, nada supera en maldad y en bajeza a quienes se aprovechan de la tragedia y la toman, como patente de corso, para lucrar con ella. 


El temblor en la Ciudad de México terminó por servir de escenario para dos de las acciones más envilecedoras en el teatro de la política nacional en los últimos veinte años: la primera, hacer que la responsable directa por corrupción y la muerte de los niños del Colegio Enrique Rébsamen se convirtiera, con toda impunidad, en jefa de Gobierno; y segundo, que el mismo partido que la postuló se beneficiara directamente de una tragedia nacional. 


Resulta que quienes, desde el fariseísmo más rancio y menos creíble, alardeaban “honestidad valiente” y se vendían como “la esperanza de México” inventaron un fideicomiso con el pretexto de donarlo todo como ayuda a los damnificados del sismo del año pasado, logrando captar más de 80 millones de pesos. 

 
Sin embargo, nunca se supo de dónde provenía dicho dinero ni como fue a dar directamente en manos de funcionarios de MORENA para su uso en las campañas políticas de este año; de modo que ni el dinero ni el apoyo llegó a manos de las víctimas, llamando la atención del Instituto Nacional Electoral—pues fue tema ventilado desde las elecciones pasadas—a grado tal que ante las evidencias terminó por aplicar—de manera insuficiente—la multa más cara (tan cara como la del Pemexgate) que se le ha impuesto a un partido político por el equivalente a fraude y lavado de dinero. 


La multa aplicada al partido del presidente electo se le ha fincado por desvío de fondos, aún y cuando él mismo y su presidenta nacional, Yeidckol Polevnsky, declararon directamente ante los medios que serían entregados a los damnificados del sismo en un fideicomiso a cargo de varias figuras públicas como Elena Poniatowska y Paco Ignacio Taibo II, quienes se han deslindado públicamente del mismo. 

 
Y al final, como saldo, subyace a la vez otro fraude no menos escandaloso que el primero: el perpetrado a los cerca de 30 millones de mexicanos que votaron por esto; mismos que tendrán que doblar la cabeza y enjugar sus lágrimas los próximos seis años si no tienen la dignidad de corregir su error.



enrique.sada@hotmail.com

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