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Domingo , 24.06.2018 / 01:04 Hoy

Verdad amarga

El CNTE: ingobernabilidad y complicidad del Estado

Enrique Sada Sandoval

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“Entre el Gobierno que hace el mal y el pueblo que lo consciente,

hay cierta solidaridad vergonzosa”

Víctor Hugo

Tal parece, y en la medida que el tiempo y los acontecimientos se dilatan, que en cuanto respecta al tema de los bloqueos del CNTE y su enfrentamiento con un Gobierno apático ante la afectación que padece la población en general —enfatizando a los alumnos y los comerciantes— no hay ni a quien irle y ninguno de los bandos merece la menor simpatía. En el caso de los primeros, por sus actos criminales y violentos; y en el caso del segundo, por su nula respuesta en tiempo y forma a un problema que ellos mismos propiciaron desde el momento en que impusieron una “reforma educativa” (con visos reales de reforma laboral) que nada tiene que ver con la calidad ni la enseñanza pública por parte del Estado.

Sin embargo, en los medios sobreabundan los lugares comunes y las respuestas fáciles por parte de quienes como revolucionarios de café defienden y justifican hasta el absurdo el vandalismo del “magisterio democrático” y del “pueblo bueno”, más que de los defensores involuntarios del Gobierno que, más que validarlo, critican su ausencia durante los últimos tres años al permitir que se violentara el Estado de Derecho.

Lo peor de todo es que el presente escenario se desenvuelve en el peor momento posible: en un momento en el que, más allá del panorama internacional, cualquier perspectiva de desarrollo económico, progreso, equidad, legalidad y auténtica justicia social se ven tan lejanos como el gobierno federal que, desde el titular del Ejecutivo hasta sus dependencias, sólo ha sabido autoinvalidarse, por descrédito propio, ante la opinión pública.

Así pues, el pretender defender a los responsables de la conducción política y social del país sería un desatino tan reprobable como justificar el vandalismo de quienes como hijos de la “revolución mexicana” exigen canonjías y privilegios exclusivos del absolutismo decadente del siglo XVIII.

De modo que si el charrismo sindical, que se autonombra magisterial en este conflicto, es responsable histórico de nuestro ínfimo nivel de educación, el Estado, como director supremo del Sistema Educativo en México, es tanto o más culpable incluso. Y si, parafraseando a Víctor Hugo, es cierto que entre el Gobierno que hace el mal y el pueblo que lo consciente, hay cierta solidaridad vergonzosa; en un Gobierno que permite el actual estado de cosas, prevalece la misma complicidad dolosa por el problema que él mismo generó y cuya dilatación permitió prolongarse, cruzándose de brazos.


enrique.sada@hotmail.com

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