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Miércoles , 21.11.2018 / 01:12 Hoy

Verdad amarga

Del por qué del NAICM como capricho

Enrique Sada Sandoval

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Si hasta hace un mes todavía se creía que el Aeropuerto de Texcoco sería una estafeta que el Gobierno federal en turno habría de heredarle al que empieza el 1 de Diciembre de este año, el simulacro de consulta realizado por el presidente electo vino a desmentir esa posibilidad hace una semana. 


Aún y cuando no deja de parecer bastante extraño su empecinamiento, que algunos atribuían simplemente a la ignorancia que les es tan propia como característica, no parecía razón para explicar su obsesión por sabotear un proyecto en construcción, pese a tratarse de una obra tan necesaria para el desarrollo económico, que había sido avalado por los principales mecanismos y órganos especializados—nacionales e internacionales—que auguraban un panorama óptimo tanto para el libre tránsito de las personas como para el intercambio de bienes y servicios dentro y fuera del país. 


Sin embargo, al revisarse los contratos involucrados en esta magna obra, llama la atención que el beneficio y ejecución de los mismos es de carácter intransferible; lo cual significaría sin duda la no intervención de otros (empezando por el nuevo presidente) en lo que también se antojaría como un buen negocio para quien ostenta el poder en este caso.

También se plantea en este capricho, además de otro aeropuerto insuficiente en Santa Lucía, el querer neutralizar al Ejército—despojándole de una de sus principales bases aéreas y de operación—ante lo que suena de su discurso: donde apela a la creación paralela de una Guardia Nacional con cerca de 50,000 nuevos efectivos (formada con incondicionales suyos, obviamente). Ahora que si la necesidad de seguir haciendo negocios fuera tan proporcional al temor a nuestras Fuerzas Armadas, también se puede hacer negocio sexenal o transexenal de muchas otras formas menos perniciosas como reforestar la península de baja California con canal de paso entre el Mar de Cortés y el Océano Pacífico; construyendo un canal interoceánico (un viejo sueño desde el siglo XIX) en el istmo de Tehuantepec o retomar—tomando en cuenta su espontánea generosidad con los migrantes centroamericanos, por encima de los nacionales) el viejo Plan Puebla-Panamá y su consecuente derrama económica para la región. 

 
Con lo anterior no solo aseguraría un mejor negocio que el NAICM, Santa Lucía y el Tren Maya juntos: contribuirá a la prosperidad nacional, los militares lo adorarán y se le construirá un hemiciclo.

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